Martina le lanzó una mirada de reojo a Gustavo y, sin dudarlo, escribió la respuesta: "Mirar a la nada".
Cuando todas las parejas terminaron, el presentador pidió que mostraran sus pizarras.
Las respuestas fueron de lo más variadas.
Algunos escribieron "ir a la montaña a ver las hojas caer", y otros "tomar café en casa leyendo un buen libro". Cada respuesta dejaba ver los gustos y estilos de vida de los participantes.
El público observaba fascinado, aplaudiendo de vez en cuando ante las respuestas más originales.
Pero cuando el presentador leyó en voz alta lo que decían las pizarras de Martina y Gustavo, el lugar entero estalló en gritos de asombro.
Incluso el presentador no pudo evitar soltar un grito de asombro: —¡Guau! ¡Es increíble la conexión que tienen ustedes dos! ¿Hasta en una respuesta tan inusual como esta logran coincidir?
Al escuchar eso, Martina frunció el ceño y volteó a ver a Gustavo a lo lejos. Ahí estaba, sosteniendo su pizarra con la frase escrita con orgullo: "Mirar a la nada".
Martina se quedó muda.
Lo había olvidado. En aquella época, además de caminar, su pasatiempo favorito era sentarse en algún lugar tranquilo, donde ella apoyaba la cabeza en las piernas de él y simplemente se quedaban mirando las hojas caer, en silencio.
Sintiendo una irritación profunda, Martina juró que no volvería a pasar. A partir de ese momento iba a escribir cualquier disparate, ¡lo más absurdo que se le ocurriera!
Cuando los murmullos se calmaron, el presentador lanzó la siguiente pregunta: —¿Cuál es su animal favorito?
Casi por reflejo, la mano de Martina se movió sobre la pizarra escribiendo la respuesta.
Si de animales se trataba, en un rincón de la universidad siempre había un gato callejero al que ambos iban a alimentar. Ese pequeño felino no era solo una mascota, sino el testigo silencioso de sus momentos más tiernos.

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