El presentador se aclaró la garganta y comenzó a explicar las reglas del juego de compatibilidad.
—¡Damas y caballeros! A continuación, jugaremos a algo muy divertido que pondrá a prueba la conexión de nuestros participantes. Nuestras seis hermosas damas en el escenario formarán equipo con seis de nuestros distinguidos invitados. La dinámica es simple: cada caballero elegirá a su compañera, y luego responderán a una serie de preguntas para demostrar qué tan en sintonía están. Si las respuestas coinciden, sumarán puntos. Al final, la pareja con el puntaje más alto se llevará a casa un espectacular premio sorpresa.
La voz llena de energía del presentador encendió por completo al público.
La audiencia vitoreaba, impaciente por ver el inicio del juego.
En el escenario, las mujeres se miraron con evidente nerviosismo, sin saber con quién les tocaría, aunque casi todas tenían la mirada puesta secretamente en el más atractivo de los invitados: Gustavo Moreno.
Justo cuando una de las chicas iba a dar un paso al frente para hacerse notar, Gustavo se levantó sin titubear. Clavó sus ojos en Martina, y su voz, profunda y magnética, resonó por todo el lugar:
—Elijo a esta señorita.
El tono firme y seguro de Gustavo hizo eco en cada rincón del auditorio.
Al escuchar que la elegía, Martina sintió un sacudón en el pecho. El pánico y la indecisión cruzaron su mirada; no tenía idea de cómo escapar de esa trampa.
Quiso negarse, pero los otros cinco invitados, al ver la determinación de Gustavo, no perdieron tiempo y eligieron rápidamente a las demás mujeres. Martina se quedó sin palabras y sin salida.
Al ver que las parejas estaban formadas, el presentador sonrió triunfante:
—¡Perfecto! Ya tenemos a nuestros equipos. Damas y caballeros, que comience el juego de compatibilidad. ¡Prepárense!
Una vez que se acomodaron en extremos opuestos del escenario, el juego arrancó. El presentador lanzó la primera pregunta con una gran sonrisa:


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