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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 826

Una oleada de reproches se abalanzó sobre Erika desde todos los rincones del salón.

Por su parte, Stefania quedó aturdida por el impacto de la bofetada. Tuvieron que pasar varios segundos antes de que procesara lo sucedido, y de inmediato, las lágrimas brotaron de sus ojos.

—¡Erika, te atreviste a pegarme! —gritó histérica, levantando la mano con toda la intención de devolverle el golpe.

Sin embargo, Erika no le iba a dar esa oportunidad. Su mirada se enfrió aún más, volvió a levantar la mano y... ¡Plaf! Le propinó otra bofetada, aún más fuerte, en pleno rostro.

El golpe fue tan brutal que Stefania perdió el equilibrio y cayó al suelo. Se cubrió la cara con ambas manos y rompió a llorar de forma desconsolada.

—¡Erika me pegó! ¡Me está atacando! —sollozaba mientras buscaba desesperadamente la ayuda de sus parientes.

Al ver esto, los familiares se arremolinaron alrededor; algunos se agacharon para ayudar a Stefania a levantarse, mientras que los demás redoblaron sus ataques verbales contra Erika.

—Erika, eres una descarada. ¿Cómo puedes abusar de Stefania de esta manera?

—Ya es bastante vergonzoso que regreses a la familia Romero cargando con tres hijos, y ahora encima te pones violenta. Eres completamente irracional.

—¡Pídele perdón a Stefania en este mismo instante, o esto no se va a quedar así!

En medio de la histeria, la madre de Stefania se abalanzó sobre Erika, agarrándola del cabello y tirando de él hacia atrás con furia.

Erika frunció el ceño por el dolor, pero, terca y orgullosa, se rehusó a soltar un solo grito que mostrara debilidad. Usó toda su fuerza para agarrar la muñeca de esa tía desconocida, tratando desesperadamente de zafarse de su agarre.

—¡Mujer del demonio, cómo te atreves a tocar a mi hija! —rugía la madre de Stefania con los ojos desorbitados por el odio, apretando el agarre con más saña.

Al ver la situación, Leonardo corrió apresurado para separarlas.

—¡Tía, suéltela ya, no haga esto! —suplicaba Leonardo mientras intentaba abrir los dedos de la mujer a la fuerza—. ¡Hablemos las cosas con calma, no lleguen a los golpes!

Pero la madre de Stefania estaba cegada por la ira y se aferraba al cabello de Erika como una garrapata.

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