Antes de que Erika pudiera decir nada más, el tono de Yolanda cambió abruptamente, volviéndose arrogante.
—Llama al gerente. Ella es mi hermana mayor, más vale que le saques lo mejor que tengas.
Erika frunció el ceño mientras la vendedora asentía apresurada.
—Enseguida, señorita Yolanda, llamaré al gerente.
Tras decir eso, la joven salió corriendo.
Yolanda volvió a suavizar su tono y se dirigió a Erika:
—Erika, ve echando un vistazo. Conozco muy bien al gerente de esta joyería. Cuando llegue, le diré que te recomiende algo perfecto para el cumpleaños de una persona mayor.
Erika no terminaba de acostumbrarse a esa actitud. Desde que se conocieron, Yolanda nunca le había hablado con tanta amabilidad.
Simplemente asintió con la cabeza, sin decir una palabra.
Mientras tanto, Yolanda comenzó a teclear en su celular, aparentemente enviando mensajes.
Poco después, el gerente llegó corriendo, sonriendo con una actitud aduladora:
—Pero si es la señorita Yolanda. ¡Qué honor tenerla por aquí! ¿En qué puedo servirle?
Yolanda retomó su postura altiva y dio la orden:
—Mario, es el cumpleaños de la abuela y mi hermana quiere un buen regalo. Con tu experiencia, recomiéndale algo. Y más te vale esmerarte.
—Si es la hermana de la señorita Yolanda, por supuesto que me esmeraré —respondió Mario con gran respeto. Luego se giró hacia Erika y, con la misma actitud sumisa, preguntó—: ¿Tiene algo en mente, señorita? Si no, permítame mostrarle esta maravilla.
Se puso unos guantes blancos y sacó una preciosa pieza de esmeralda del mostrador, colocándola con delicadeza sobre una bandeja forrada de terciopelo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón