Apenas Rodolfo se sentó después de beber, el hombre a su lado, Daniel, se inclinó y le susurró al oído:
—Esa supuesta hermana de la directora... se me hace conocida. Se parece muchísimo a esa mujer que estuvo en todos los titulares de las noticias hace poco.
Al escuchar a Daniel, Rodolfo sintió que el corazón le daba un vuelco y preguntó rápidamente en voz baja:
—¿Te refieres a... esa tal Erika? ¿La esposa del presidente del Grupo Ramírez?
Daniel sacó su teléfono apresuradamente, buscó la noticia y respondió asombrado:
—¡Mírala, es ella! Se llama Erika. Por cómo la estabas mirando hace un rato, te sugiero que te calmes. Esa mujer es la esposa de Valerio Ramírez.
Rodolfo le lanzó una mirada de reojo y no dijo nada más.
Quizás otros en la mesa también reconocieron a Erika, porque de repente nadie se atrevió a ofrecerle otra copa.
Pero la cena continuó. Bastaban un par de frases de cortesía para que todos volvieran a levantar sus copas, y Erika tuvo que ver con desesperación cómo Martina se tomaba otros cuantos tragos.
Incapaz de contenerse, se acercó al oído de Martina y le suplicó:
—Marti, sé que en los negocios, sobre todo en el entretenimiento, estas cenas son necesarias, pero no puedes seguir tomando de esta manera. Te vas a destruir el estómago.
Martina soltó un suspiro de resignación.
—Eri, no conoces este mundo, no lo entiendes. Mira a mis empleados, ya me han ayudado a tomar bastantes rondas y ya están en su límite. Si yo no sigo bebiendo, quedaré mal con el cliente. De verdad estoy bien, tranquila.
Erika quiso insistir, pero alguien más se acercó a brindar. Cuando vio que Martina se llevaba el vaso a los labios con el ceño fruncido y una expresión de evidente agonía, supo que su amiga ya no podía tragar ni una gota más.
Tomó una bocanada de aire y le arrebató el vasito a Martina directamente de las manos.
—Yo tomaré por ella.
Sin pensarlo dos veces, Erika se bebió de golpe todo el trago de licor fuerte. El alcohol quemó su garganta, y un ardor picante y doloroso la invadió por completo.
—Ay, Rodolfo, no me siga el juego. Mire cómo se le puso la cara a mi pobre hermana, es obvio que no aguanta el alcohol. Solo lo hizo porque me vio mal y... se preocupó por mí.
Las palabras de Martina ya empezaban a arrastrarse. Erika, aguantando el ardor en el pecho, se levantó también.
—Señores, creo que ya hemos tomado suficiente por hoy...
Pero antes de que pudiera terminar, Rodolfo le dedicó una sonrisa amplia y dijo:
—Señorita Erika, la noche es joven. Mire, todos apenas estamos empezando a divertirnos.
Luego, Rodolfo miró al resto de la sala.
—¿Verdad que sí?
Con excepción de los empleados de DC Entretenimiento, todos los demás le dieron la razón con entusiasmo. Acto seguido, volvieron a levantar sus copas y a buscar con quién brindar, haciendo que el salón volviera a llenarse de ruido y presión.

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