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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 685

Erika no entendía cuál era el objetivo de vincular el trabajo con aquella cena, pero sabía que Martina le daba mucha importancia a su carrera. No podía simplemente tomarla del brazo y llevársela de allí.

Si terminaba ofendiendo a alguien, ¿acaso no estaría perjudicando a Martina?

Mientras Erika dudaba sobre qué hacer, Martina tiró de ella para que se sentara de nuevo y le susurró al oído con voz entrecortada:

—Tú no estás acostumbrada a este licor fuerte... no... no tomes más. Te vas a sentir muy mal si te emborrachas. Yo... yo todavía aguanto.

Erika la miró con profunda preocupación, sintiendo una punzada en el corazón.

Nunca antes había visto a Martina en su faceta laboral. Solo sabía que siempre estaba muy ocupada, pero ahora que lo presenciaba, se daba cuenta de lo difícil que era su día a día.

Mientras sentía lástima por ella, alguien más se acercó con una copa, buscando a Martina para brindar.

Erika dudó un segundo, pero interceptó la copa y la sostuvo con firmeza:

—Yo... yo tomaré por ella.

Antes de que una mareada Martina pudiera quitársela, Erika echó la cabeza hacia atrás y se bebió todo el contenido de un solo trago.

En el pasado, Martina siempre había dado la cara por ella. La había defendido de cualquier injusticia e, incluso, la había ayudado como una verdadera madre a cuidar de sus hijos, desde la cuarentena hasta verlos crecer.

Y ella, Erika, había podido hacer muy poco por su amiga a cambio.

Una inexplicable melancolía la invadió. Al tomarse ese segundo trago fuerte, sintió que el ardor en la garganta era un poco menor que la primera vez.

Cuando volvió a mirar a Martina, la encontró apoyada en la mesa, sosteniendo su cabeza con una mano, tan ebria que ya no podía ni preocuparse por Erika.

Y así, cada vez que alguien se acercaba a brindar con Martina, Erika tomaba una copa en su lugar.

Pero pronto empezó a sentirse mareada. Las figuras a su alrededor comenzaron a verse borrosas y dobles.

—Vaya, vaya, parece que se nos fue la mano sin darnos cuenta. Creo que por hoy es suficiente, ¿por qué no damos por terminada la reunión?

Todos asintieron apresuradamente y se despidieron de Ian Osorio con demasiada cortesía.

En cuestión de minutos, en la sala solo quedaron Erika, Martina, Ian Osorio y Julián.

Erika y Martina estaban completamente desplomadas sobre la mesa.

Ian miró la nuca de Erika y dejó escapar un largo suspiro:

—Menos mal que me encontraron a mí. ¿Por qué siempre te metes en problemas?

Dicho esto, Ian fulminó a Julián con la mirada y lo regañó sin piedad:

—¡Tú, un hombre hecho y derecho, sin tomar ni una gota, y dejas que dos mujeres beban de esta manera! ¿Acaso eres un hombre de verdad?

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