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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 658

Erika y Amelia Chávez se pasaron gran parte del día resolviendo aquel caos y lidiando con todos los contratiempos.

Cerca de las tres de la tarde, Erika empezó a sentir un nudo en el estómago.

Temía que Valerio le hubiera dicho a sus papás y a su abuelo en qué kínder estudiaban los niños. Y aunque no se los hubiera dicho, con el poder de esa familia, podían averiguarlo en cinco minutos.

Le dio unas últimas instrucciones a Amelia, se subió a su auto y salió disparada hacia el kínder, con la intención de recogerlos mucho antes de la hora de salida.

Sin embargo, aunque iba con casi una hora de ventaja, tuvo la mala suerte de toparse con un choque múltiple que colapsó el tráfico.

Para cuando por fin logró llegar, estacionó el carro de cualquier forma y bajó corriendo.

Llegó hasta la reja de entrada y buscó desesperada los letreros con los grupos de sus hijos.

Cuando los encontró, barrió con la mirada la fila de los alumnos, pero no vio a sus pequeños por ninguna parte.

Erika, al borde del pánico, le preguntó a la profesora:

—Maestra Laura, buenas tardes, ¿dónde están Thiago y sus hermanos?

—¿Señorita Milán? Qué milagro verla —respondió la maestra con una enorme sonrisa—. Su abuela pasó a recogerlos. Ay, de verdad, quién iba a imaginar que usted es la esposa del señor Ramírez. Todo el personal creía que usted estaba casada con un Romero.

Al escuchar aquello, el color desapareció del rostro de Erika. Sin ganas de escuchar chismes, alzó la voz llena de furia y le reclamó:

—¡¿Qué clase de maestra es usted?! ¡¿Cómo es posible que le entregue a mis hijos a una desconocida?!

—Es que... —La sonrisa de la maestra se borró de inmediato, dándole paso a la angustia—. Yo vi la transmisión en vivo de ayer, y además, los padres de su esposo siempre salen en las noticias, todos aquí los ubicamos, así que...

—¡No me importa si salen en las portadas de todas las revistas! ¿Qué no hay reglas en esta escuela? ¡Cualquiera que venga por los niños tiene que registrar su tarjeta digital! Si ella no tenía el gafete ni la contraseña, ¡¿por qué se los entregó?!

Varios padres de familia que estaban cerca escucharon el pleito y se metieron de inmediato:

Erika no tenía tiempo de armarles un pleito legal ahí mismo. Salió corriendo hacia su auto, sacó el celular de su bolsa con las manos temblorosas y marcó el número de Valerio.

Al segundo tono, él contestó, y ella le gritó con toda su rabia:

—¡¿No habíamos quedado en tres días?! ¡¿Con qué derecho van y se llevan a mis hijos sin mi permiso?!

—¡¿Qué dijiste?! —preguntó Valerio, alarmado.

—¡¿Te vas a hacer el idiota ahora?! ¡Tu madre fue a sacarlos de la escuela! —Erika no aguantó más y rompió a llorar por la desesperación—. Valerio, te lo advierto... ¡no colmes mi paciencia!

Sin dejarlo responder, colgó el teléfono, prendió el auto y pisó el acelerador rumbo a la mansión de la familia Ramírez.

Su celular empezó a sonar sin parar sobre el asiento del copiloto. Mientras esperaba en un semáforo en rojo, alcanzó a ver la pantalla: todas las llamadas eran de Valerio. Lo ignoró por completo.

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