Valerio se quedó en silencio unos segundos antes de preguntar:
—¿Tres días son suficientes?
Al ver que Erika parecía dudar, dejó escapar un leve suspiro.
—Dejemos a mis papás de lado un momento. Tú conoces cómo es el abuelo Ireneo. A veces parece un niño caprichoso; cuando se le mete algo en la cabeza, quiere hacerlo en ese mismo instante. Si por él fuera, habría venido corriendo a buscarte desde la tarde, pero yo logré frenarlos... Ahora me doy cuenta de lo difícil que es ser el hombre que está en medio de todo. Tengo que cuidarlos a ellos, pero, sobre todo, tengo que cuidarte a ti.
Hizo una pausa y volvió a insistir:
—Eri, tres días... ¿te parece bien?
Erika apretó los labios y murmuró un simple "sí".
—Ya dijiste lo que querías. Ya puedes irte.
Valerio le clavó una mirada profunda, levantándose lentamente de la cama. Sin embargo, en lugar de caminar hacia la puerta, avanzó directamente hacia ella.
Al ver sus intenciones, a Erika se le tensó la espalda.
Ella había dado varios pasos hacia atrás hasta pegar contra el mueble, ¿cómo era posible que él estuviera frente a ella en solo dos zancadas?
Bajo la luz tenue de la habitación, su rostro acercándose se veía cada vez más nítido. En sus ojos ardía una llama inconfundible; ella sabía muy bien lo que significaba. Retrocediendo un paso más, Erika preguntó con la voz temblorosa:
—¿Tú... qué más quieres?
La mirada de Valerio recorrió lentamente el hermoso rostro de la mujer y respondió con voz seductora:
—Hay algo más. Algo muy importante.
Erika, presa del pánico, estiró los brazos frente a ella para marcar distancia:
—Si... si te atreves a hacerme algo otra vez, yo...
—¿Tú qué? —Valerio esbozó una sonrisa indescifrable, sin molestarse en ocultar el deseo en sus ojos, mirando sin pudor sus labios y luego bajando la vista hacia el escote de su bata.
Erika escuchó el sonido de la puerta principal cerrándose. Corrió de puntillas hacia la entrada y vio que los zapatos de él ya no estaban.
Por fin se había largado. Erika respiró hondo un par de veces para tranquilizarse antes de regresar a su habitación.
...
A la mañana siguiente.
Leonardo se aferró a la idea de llevar a los niños a la escuela, y Erika no tuvo ánimos de discutir.
Por culpa del escándalo en redes sociales, el estudio de fotografía no había podido abrir sus puertas en varios días.
Erika desayunó rápido y se fue volando para allá. El administrador del edificio le informó que en los últimos días unos vándalos habían dejado basura e incluso grafiteado la entrada del local.
El personal de mantenimiento ya lo había limpiado, pero le exigieron a Erika que pagara la multa por los costos de limpieza.
Después de lidiar con esos dolores de cabeza, Erika tuvo una larga reunión con su equipo. Les ordenó que fueran personalmente a pedir disculpas a los clientes cuyas sesiones de fotos habían sido canceladas.

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