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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 600

Desde el otro lado de la puerta, Greta respondió con una sonrisa en la voz:

—Sí, apenas terminaron de desayunar cuando él llegó. Dijo que usted se lo había pedido, y los niños se pusieron felicísimos. Señorita, ese señor Ramírez es un hombre muy apuesto, exitoso y encima adora a los niños. Realmente es un gran partido.

¿Se lo había pedido?

Qué manera de torcer las cosas. Y por lo que decía Greta, ¿había llegado justo después del desayuno?

A los niños era fácil convencerlos, y si Greta y Juana creyeron que era una instrucción suya, obviamente no se lo iban a impedir.

Erika se masajeó las sienes, esbozando una sonrisa incómoda sin decir nada más.

En cuanto las dos mujeres salieron del departamento, Erika se metió a bañar. Al quitarse la ropa, descubrió en la zona de su clavícula las alarmantes marcas de besos; algunas incluso tenían un tono violáceo.

Su mente la traicionó, llevándola de nuevo a la noche anterior: los besos apasionados y desenfrenados, y su respiración agitada y desesperada...

Sintió que el rostro le ardía de vergüenza y ni siquiera se atrevió a mirarse al espejo.

Anoche, inmovilizada por él, no recordaba en qué momento se había quedado dormida. ¿Acaso ese incienso calmante era mágico?

¡Y lo peor de todo es que ni siquiera sabía a qué hora se había ido!

....................

Cuando Erika llegó al estudio, ya eran las diez de la mañana.

Al verla entrar, Tati, la recepcionista, le informó de inmediato:

—Señorita Milán, hay una joven llamada Catalina Morales buscándola. En este momento está con la señorita Chávez en su oficina.

Al escuchar que se trataba de su antigua compañera de la universidad, Erika se apresuró hacia su oficina.

En cuanto abrió la puerta, Catalina saltó del sofá, corrió hacia ella y le dio un abrazo apretadísimo, exclamando con emoción:

—¡Parecemos amigas por correspondencia! A ver, dime, ¿cuánto tiempo hace que no nos vemos? Ni siquiera pude venir a la inauguración, espero que no estés enojada conmigo.

Erika soltó una carcajada.

—Pues sí que lo estoy. A ver cómo le haces para contentarme.

Catalina le pellizcó la mejilla con cariño.

—Bueno, precisamente a eso vine hoy. ¿Qué tal si te traigo dinero? ¿Te convence?

—Eso siempre convence.

Estaban en medio de su animada charla cuando llamaron a la puerta.

—Señorita Milán, hay una señorita de apellido Gutiérrez que dice ser una vieja conocida suya y quiere verla.

Erika frunció el ceño. ¿De apellido Gutiérrez? ¿Vieja conocida?

Intercambió una mirada con Catalina y luego respondió hacia la puerta:

—Pásala a mi oficina, por favor.

Poco después, la puerta se abrió y Tati anunció con cortesía:

—Adelante, señorita Gutiérrez.

Erika miró hacia la entrada. La mujer entró con la cabeza gacha, y solo cuando la levantó, Erika se dio cuenta de quién era. ¡Era Vanesa Gutiérrez!

Desde aquel incidente en el banquete, no habían vuelto a cruzar palabra. No era raro que hubiera encontrado el estudio; la noticia de la inauguración había corrido por todo el gremio, y no costaba mucho averiguar quién era la dueña.

Lo que Erika no entendía era a qué había venido Vanesa.

—Señorita Milán, mil disculpas. Espero no estar interrumpiendo nada —dijo Vanesa con un tono sumamente humilde, manteniendo una postura encorvada desde que cruzó la puerta, viéndose casi intimidada.

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