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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 599

—¡Eres un sinvergüenza! —le gritó Erika, furiosa por no poder soltarse.

Pero Valerio solo esbozó una media sonrisa.

—Estar en mis brazos insultándome se siente como si estuviéramos coqueteando. Me encanta.

—Tú...

—Aquí estoy. Y aquí voy a estar siempre que me llames. Duerme. En mis brazos descansarás mejor. En cuanto te quedes dormida, me iré.

Sin importarle la expresión fulminante de ella, apoyó la barbilla sobre su cabello y comenzó a darle palmaditas suaves en la espalda, como si estuviera arrullando a un bebé.

Erika quiso morderle el hombro, pero la posición no se lo permitía. Al bajar la vista, quedó justo frente a su firme pecho, y sin pensarlo dos veces, le clavó los dientes con todas sus fuerzas.

Valerio soltó un ligero siseo de dolor, pero luego le dijo con voz suave:

—Sé que me odias. De ahora en adelante, puedes morderme todos los días hasta que se te pase el coraje.

Erika se quedó muda.

¡¿Hasta qué punto podía llegar la desvergüenza de este hombre?!

Soltó el mordisco y le exigió en un susurro cargado de odio:

—¡Suéltame!

—¡No!

—¡Que me sueltes!

—¡Primero muerto!

—...

Por más que Erika forcejeó y lo insultó, él no aflojó su abrazo, e incluso enredó sus largas piernas con las de ella para evitar que se moviera.

—Si no te duermes, no me voy a ir. Me quedaré hasta mañana, me levantaré contigo y juntos llevaremos a los niños a la escuela.

Al escuchar eso, Erika se sintió aún más exasperada.

Si lo decía, era porque era perfectamente capaz de hacerlo.

—Eri... Perdóname, todo fue mi culpa. Descansa, por favor.

En cuanto Valerio cruzó la puerta, Erika se derrumbó sobre la cama. Sofocando sus sollozos, lloró desconsoladamente hasta quedarse sin una gota de energía.

....................

A la mañana siguiente.

Erika se despertó sobresaltada por los golpes en su puerta. Temiendo que la niñera le viera los ojos hinchados por haber llorado, le respondió desde adentro:

—Greta, por favor, lleven a los niños a la escuela. Yo tengo unas cosas que hacer esta mañana.

La voz de Greta sonó desde el pasillo:

—Señorita, los niños ya se fueron con el señor Ramírez. Ya son más de las ocho. Solo tocaba para recordarle que le preparamos té en la cocina; no olvide tomárselo cuando se levante. Juana y yo nos vamos a hacer las compras.

Erika se quedó de una pieza.

—Greta... ¿acabas de decir que Valerio llevó a los niños?

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