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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 587

Esto aterrorizó aún más a Erika. No quería morir allí, y mucho menos calcinada o asfixiada por el humo.

Si esos juguetes llegaban a prenderse en fuego, sería una tragedia incalculable; la mayoría estaban hechos de plástico, y sin mencionar la sección de peluches.

Las manos de Erika temblaban sin control, y sentía un nudo tan apretado en el pecho que incluso le dolía respirar.

En ese momento, escuchó a un oficial preguntar:

—¿Dónde está su esposa?

—En el baño. Esto es la bodega; está a dos puertas hacia la izquierda —respondió Valerio.

—Entonces siga mis instrucciones y no se mueva sin permiso —ordenó el oficial.

—Entendido, oficial —afirmó Valerio.

Erika contenía la respiración mientras escuchaba. El ruido en el exterior parecía haberse calmado bastante; ya no se oían los insultos ni los golpes de antes.

De pronto, la voz de Valerio resonó de nuevo en su audífono:

—Erika, escúchame bien. Abre la puerta del baño muy despacio y corre hacia la puerta de la bodega. Por lo que más quieras, no hagas ningún ruido.

Apenas Valerio terminó de hablar, la voz de un oficial se escuchó de fondo:

—Señora, salga en este preciso instante.

Erika tomó una profunda bocanada de aire, se quitó rápidamente los tacones para llevarlos en la mano, destrabó la cerradura con suavidad y, agachada, corrió a toda velocidad hacia la puerta de la bodega.

La puerta estaba entreabierta. Apenas llegó, Valerio la tomó en sus brazos y la jaló hacia adentro.

—¡Salgan de aquí de inmediato! ¡Rápido! —ordenó el oficial.

Valerio le dio un leve asentimiento al policía y salió a paso acelerado cargando a Erika.

—Bá... bájame, puedo caminar —balbuceó Erika, mirando el rostro de Valerio cubierto de sudor.

Valerio hizo una pausa, se sentó a su lado, se quitó el auricular inalámbrico, lo guardó y le habló con tono suave:

—Vine por esta zona porque pensaba comprarles algo a los niños. Vi tu auto estacionado en uno de los lugares cerca de la entrada, y cuando noté que la tienda era un caos, te llamé de inmediato.

Luego la miró a los ojos y murmuró con profunda emoción:

—Erika... gracias a Dios... gracias a Dios que estás bien.

Diciendo esto, Valerio abrió los brazos y la envolvió en un abrazo protector, apoyando su barbilla suavemente sobre la cabeza de ella.

Erika lo empujó con suavidad, aún con la cabeza gacha, y comenzó a frotarse las manos nerviosamente.

El terror aún no abandonaba su cuerpo; sus manos estaban heladas por el susto.

Justo en ese momento, una serie de gritos desesperados resonó en la distancia. Erika levantó la vista... ¡La tienda realmente estaba en llamas!

Densas nubes de humo negro salían por las ventanas, mientras los oficiales evacuaban a los clientes a toda prisa.

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