Erika contestó la llamada casi de inmediato. Un tierno ¡Mami! resonó en el altavoz, y los rostros apretujados de los tres niños llenaron por completo la pantalla del teléfono.
Amelia sonrió desde el fondo:
—Estamos almorzando. Eri, ¿estás en el auto? ¿Aún no has comido?
—Sí, salí a resolver unas cosas. Comeré más tarde —respondió Erika con cariño.
—¡Mami, mami, mira quién está aquí! —exclamó Alma, asomando su cabecita en la pantalla. Parecía haber agarrado la mano de Amelia para girar la cámara del teléfono.
Erika se quedó helada.
El rostro de Valerio, con esa perfección irreal que parecía generada por inteligencia artificial, apareció de golpe en la pantalla.
¡¿Qué diablos hacía él ahí de nuevo?!
—Mami, ¿por qué te pusiste triste? —preguntó Thiago, metiéndose también en el encuadre.
Erika se apresuró a borrar su expresión glacial y forzó una sonrisa cálida:
—No estoy triste, mi amor. Es solo que de repente recordé un asunto de trabajo importante, por eso me puse seria.
Enzo se unió a la conversación emocionado:
—Mami, el señor Valerio dijo que a partir de ahora, los fines de semana solo grabaremos medio día. En la tarde nos va a llevar a un parque de diversiones y en la noche vamos a comer parrillada todos juntos.
El rostro de Erika se endureció de nuevo y dijo con tono severo:
—Ustedes tres, ¿acaso ya olvidaron todo lo que les he dicho?
Alma se apresuró a justificarse:
—¡No, mami, no lo olvidamos! Es que... tú nos dijiste que nos llevarías al parque de diversiones en la tarde. Estábamos hablando de eso con el señor Valerio y él nos dijo que también tenía la tarde libre.
Erika se llevó una mano a la frente. Era cierto, en la mañana, antes de salir, se los había prometido. ¡Pero entre el caos con Cristina y todo lo demás, lo había olvidado por completo!
Enzo notó su frustración:
—Mami, ¿qué pasa?
Alma hizo un puchero y se quejó:
—Mami, ¿a dónde vas con el tío Adrián?
—Salimos a hacer unos recados, cariño. Anda, pásale el teléfono a Amelia, ¿sí?
Sin embargo, en el siguiente segundo, la imagen tembló. Alguien había arrebatado el teléfono. Ahora, la pantalla solo mostraba el rostro de Valerio.
—No cuelgues. ¿Qué tipo de recados? ¿Necesitas ayuda? —preguntó él, con una calma que daba escalofríos.
Erika respondió con voz cortante:
—Asuntos personales. No te incumbe. Hazme el favor de devolverle el teléfono a Amelia. Y otra cosa: no permito que mis hijos estén con extraños. Te exijo que te mantengas alejado de ellos.
—Erika...
Antes de que Valerio pudiera decir una palabra más, Erika cortó la llamada.
Martina, que había estado en silencio todo el tiempo, le dio unas palmaditas en el hombro a Erika y dijo con el ceño fruncido:
—Ya me habías contado que se la pasaba metido en el set, pero... no me da la impresión de que esté intentando ganarse a los niños solo para acostarse contigo. ¿Tú crees que ya se enteró de la verdad?

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