Un instante después, Diego respondió:
—Ni más ni menos de lo que dictaminen las evaluaciones médicas por las lesiones.
—¿Tú tienes autoridad para tomar esa decisión? —indagó Erika—. Si logro llegar a un acuerdo, ¿le informarás a Valerio, verdad? Si no, ¿de dónde planeas sacar ese dinero?
Diego asintió con seriedad:
—Señorita Milán, le seré totalmente sincero. Desde ayer he estado intentando convencer al señor Ramírez, y ya me ha gritado varias veces. Él asegura que Martín no tiene las agallas para demandarlo. Además, dice que por lo que ese animal intentó hacerle a usted... el simple hecho de haberlo dejado vivo ya fue un acto de misericordia. Sin embargo, la esposa de Martín no es alguien fácil de lidiar, suele ser bastante irracional. Si ella decide demandar al jefe...
Diego dejó escapar un profundo suspiro de frustración y añadió:
—Él es demasiado terco. Pero yo no puedo quedarme de brazos cruzados. Si usted logra cerrar el acuerdo... yo mismo pondré el dinero.
Erika se quedó atónita. Siempre había sabido que Diego era un hombre brillante y sumamente eficiente, pero enterarse de que estaba dispuesto a sacar dinero de su propio bolsillo para resolverle un problema a su jefe... Ese nivel de lealtad era algo que muy pocos poseían.
Tras unos segundos de silencio, Erika habló con calma:
—Mañana te daré una respuesta.
—Entendido, señorita Milán —asintió Diego—. Por favor, que sea lo antes posible. Temo que ya estén preparando los papeles para la demanda.
Erika asintió con firmeza y subió a su auto.
...
A pesar del cansancio arrastrado por la locura de la noche anterior, la información que Cristina le había dado encendió una chispa en Erika que le impedía perder un solo minuto más.
Al salir del hospital, pasó por su casa para recoger todos los documentos de su investigación en el Hospital Santa María y llamó de inmediato a Martina.
Al ser fin de semana, su amiga tenía el día libre.
Lo que Erika no esperaba era que Martina apareciera acompañada de Adrián.
Erika no lo había llamado porque le daba muchísima vergüenza molestarlo.
—Cristina dijo que el collar original seguramente era de mi verdadera madre, y que Penélope mandó a hacer una copia. Además, resulta que el mío parece ser el original. Cuando las encuentre, iré directo al grano y les preguntaré si reconocen este collar. Martina, ¿crees que funcione?
Martina se quedó pensativa unos segundos y respondió:
—Lo ideal sería preguntárselo directamente a la madre. Ese collar tiene un diseño muy particular. Incluso si han pasado muchísimos años, al verlo de nuevo, su expresión la delatará.
—Sí, exacto. Voy a pensar bien en cómo abordar la pregunta —asintió Erika.
Mientras conducía, Adrián también estuvo de acuerdo:
—Me parece una buena idea, es la mejor forma de tantear el terreno.
Erika estaba a punto de responder cuando su teléfono sonó con una videollamada de Amelia.
Era fin de semana, día de grabaciones, y Amelia le había dicho que extrañaba a los niños y no quería descansar, así que se los había llevado al set desde temprano.

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