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IMPERDONABLE romance Capítulo 99

TOMO 2. CAPÍTULO 99. Una disculpa de corazón

Liliana

Kolya observa las bolsas de dinero con calma, como si tuviera un escáner integrado en los ojos. Yo no puedo dejar de mirarlas, todavía aturdida por lo que acabamos de descubrir, pero después de escucharlo la curiosidad me gana.

—¿Estás seguro de que son doce millones? —le pregunto porque eso cambiará toda mi vida y la de mis hijos.

Él me hace un gesto de afirmación, con esa sonrisa tranquila de alguien que siempre está tres pasos adelante.

—Seguro, lo sé por el tamaño de los paquetes y la denominación de los billetes —responde, mientras señala con un dedo las bolsas—. Esto no es dinero suelto. Está organizado para moverse rápido y fácil.

Levanto una ceja, intentando procesar lo que acaba de decir.

—Entonces, voy a necesitar moverlo —digo con firmeza, tratando de que mi voz no tiemble ni un poco—. Este es el muevo comienzo para mis hijos y para mí, y no me molesta que sea a costa de arruinar a ese infeliz, aunque solo me esté llevando su dinero.

Beri, que está junto a mí, me da un pequeño empujón en el hombro.

—Orgullosa de ti, niña. Muy orgullosa —me dice, sonriendo con aprobación—. Pero ahora viene la pregunta del millón: ¿qué vas a hacer?

Pienso un momento y luego suelto lo que llevo días planeando en mi mente.

—¿Será posible que me ayuden a salir del país con mis hijos? —pregunto, con la mirada fija en Kolya, porque ya Beri me dijo que él puede ocuparse de conseguir nuevas identidades.

Él asiente sin dudar, pero se cruza de brazos con un gesto serio.

—No hay problema. Tenemos las conexiones necesarias para hacerlo rápido y sin dejar rastro, pero… —me mira a los ojos y me señala con un dedo acusador—. Eso va a tener un precio. ¡A mí nadie me ha pedido ser padrino!

Beri le pone los ojos en blanco y yo le doy la respuesta que los dos esperan:

—Tú eres una extensión del alma de Beri, si ella es madrino, nadie más podría ser padrino —aseguro y eso lo pone feliz como un niño chiquito.

Sin embargo todavía hay algo más que me preocupa.

—¿Y el dinero? —pregunto, señalando las bolsas—. ¿Puedo sacarlo?

Kolya sonríe de nuevo y se encoge de hombros.

—Déjalo de mi mano —responde, y luego se gira hacia sus hombres—. Llévense esto y métanlo en las camionetas. Vamos a hacer un depósito especial en las arcas del señor Ethan Walker.

—¿Quién? —le pregunto a Beri.

—Transacciones sencillas para dinero negro —me dice ella con un guiño—. No vamos a subir todo eso a un avión. Lo dejamos en un depósito seguro y lo recogemos en el Pozo… Tranquila, es mucha información, ya irás aprendiendo.

Los hombres obedecen sin decir nada, moviéndose con eficiencia, y yo me quedo mirando cómo las bolsas desaparecen, sintiendo que una parte comienza con ellas.

La espera solo dura catorce horas más, porque al día siguiente Kolya aparece con un sobre grueso en la mano; y lo coloca frente a mí con un gesto solemne.

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