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IMPERDONABLE romance Capítulo 85

TOMO 2. CAPÍTULO 85. La última esperanza

Liliana

Cuando Ryker sale de la sala de visitas, siento que mi cuerpo pierde toda la fuerza. Me recuesto contra la pared, con las manos temblando y las lágrimas cayéndome sin control.

Su amenaza resuena en mi cabeza como un eco interminable: "Volveré por ellos". Mis hijos. Mis hijos que aún no han nacido, que apenas estoy comenzando a aceptar. Siento el peso del miedo y la desesperación apoderarse de mí.

—Por favor, necesito ayuda —le digo a la guardia con la voz rota cuando me lleva de regreso a mi celda—. Por favor, necesito hacer una llamada. Es urgente.

La mujer me lanza una mirada aburrida, como si no importara lo que diga.

—No puedes, todavía no te toca. Tu día de llamada es dentro de dos días.

—¡Por favor! —insisto, con la garganta apretada—. ¡Jamás he usado esa llamada desde que estoy aquí y han pasado semanas! ¡Pero la necesito ahora, tengo que hablar con alguien!

—Ya te dije que no —gruñe y su tono es cortante, como un golpe seco.

La frustración y la impotencia me consumen mientras me siento en la cama de mi celda. Dos días. ¿Cómo voy a sobrevivir dos días sabiendo lo que Ryker dijo? Mis pensamientos no me dejan en paz. Me recuesto en la cama incómoda, pero no duermo, solo doy vueltas. Cada minuto parece una hora, y cada hora, un año.

Finalmente, cuando llega el día de la llamada, siento un poco de esperanza. Me llevan al teléfono y marco el número de Logan, lo memoricé cuando todo era diferente, cuando las cosas aún tenían sentido.

El tono suena, una vez, dos veces... Luego alguien contesta.

—¿Hola? —Es una voz femenina y por un momento pienso que me equivoqué de número, pero luego me doy cuenta de a quién pertenece. No puede ser…

Mi corazón late con fuerza pero me obligo a hablar.

—¿Puedo... puedo hablar con Logan, por favor? —pregunto y todo en mí tiembla.

—Está en la ducha —responde Carolina con un tono casual, como si fuera lo más normal del mundo—. Pero si llamas en unos… veinte minutos, tal vez pueda contestar.

El teléfono casi se me cae de las manos. Mi corazón se detiene y luego duele, como si alguien lo estuviera apretando con fuerza.

—¿Podrías llamarlo ahora, por favor? Es urgente —pregunto aunque ya anticipo la respuesta.

—Lo siento, no voy a interrumpir a mi novio en el baño. Llama después, ¿sí? —dice, y cuelga antes de que pueda decir algo más.

Me quedo paralizada, mirando el teléfono como si fuera un enemigo. Las lágrimas caen otra vez, calientes y pesadas, mientras la guardia me jala del brazo.

—Ya se acabó tu tiempo —dice, y no me importa que me trate con rudeza.

—¿Puedo volver a llamar? —pregunto desesperada—. ¡Por favor, me dijeron que en veinte minutos…!

La guardia suelta una carcajada seca.

—No hasta la próxima semana, muñeca. ¡A tu celda!

Camino de regreso a ese cubo de dos por tres metros sintiendo como si el poco control que tenía sobre mi vida se desmoronara por completo. Logan está con otra mujer, y está claro que ya no soy parte de su vida. Ni siquiera puedo culparlo del todo, pero eso no hace que me duela menos.

Tres días después, mi abogado finalmente viene a verme. Cada vez que se sienta frente a mí puedo ver que se siente como si no supiera qué hacer conmigo.

—Buenas noticias —me dice aunque su tono no suena nada entusiasta—. Ya hay fecha para tu juicio.

—¿Cuándo? —pregunto con un nudo en el estómago.

—En ocho meses.

TOMO 2. CAPÍTULO 85. La última esperanza 1

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