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IMPERDONABLE romance Capítulo 65

TOMO 2. CAPÍTULO 65. Una espía involuntaria

Liliana.

Abro los ojos con dificultad y todo lo que encuentro es la expresión desesperada de Logan. No sé cómo me ha subido a la cama, pero estoy demasiado cansada para averiguarlo.

—¿Qué pasó?

—Te desmayaste —murmura apartándome el cabello de la frente—. Voy a llamar a Esteban.

—No… no hace falta —le digo pero Logan no deja de mirarme preocupado—. De verdad, estoy bien —aseguro mientras acaricio suavemente su mejilla, y su ceño fruncido no desaparece.

—Liliana, te desmayaste en mis brazos. Eso no es estar bien.

Suspiro, porque sé que no va a soltar este tema fácilmente.

—Es solo tensión, Logan. Han sido semanas complicadas, ¿no crees? Me falta descanso, nada más.

Él me estudia en silencio, y luego asiente con cierta reticencia.

—Si tú lo dices… Pero no me gusta verte así. Prométeme que me dirás si te sientes mal otra vez.

—Te lo prometo —respondo, y le sonrío.

Logan me acurruca entre sus brazos esa noche, y es extraño que para un hombre tan duro como él, esta sea su forma de demostrarme cuánto le importo. Me dejo envolver por su calor y cierro los ojos, sintiéndome un poco más segura.

Sin embargo a la mañana siguiente, el sonido del viento contra las ventanas me despierta, y mi estómago parece estar en guerra con todo mi cuerpo. Las náuseas llegan de golpe, y apenas tengo tiempo para levantarme de la cama y correr al baño.

—Liliana, ¿estás bien? —escucho la voz de Logan desde la habitación.

—Sí, todo bien. Solo… el susto de las brujas de anoche hizo te todo me cayera mal —le respondo y los dos pensamos en las mismas personas: Gemma y Carolina.

Cuando salgo, Logan está poniéndose los zapatos, listo para acompañarme.

—No hace falta, señor Greñitas. Voy a prepararme un té de jengibre y seguro se me pasa.

Me mira con escepticismo, pero no insiste.

—Llámame si necesitas algo, ¿sí?

Asiento y me dirijo a la cocina. Salma está allí, limpiando la mesa y tarareando una canción antigua.

—Buenos días, señora St Jhon —me dice y yo levanto una ceja divertida.

—Tú nunca me has llamado así —le digo y ella se encoge de hombros.

—Pues es que me encanta recalcarlo, ya sabe, por si la niña Gemma está cerca.

TOMO 2. CAPÍTULO 65. Una espía involuntaria 1

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