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IMPERDONABLE romance Capítulo 37

CAPÍTULO 37. Una larga noche

Logan.

Mi peor instinto, ese que siempre me domina, me diría que Liliana está comportándose exactamente como yo esperaba: tratando de seducirme, tratando de llevarme a la cama y enredarme… Y luego está ese otro instinto estúpido que me dice que la conozco mejor que eso.

La veo gateando hacia mí, su cuerpo se mueve como un gato acechando a su presa y su presa es mi cuello.

—¡Liliana, te dije que me mires! —insisto pero es incluso difícil conseguir su atención.

Sus labios entreabiertos rozan mi garganta y se sube a mi regazo, tomándome desprevenido. Me besa con desesperación, sus manos van directo a mi camisa, intentando desabotonarla con torpeza.

—¡Oye, oye… tranquila! —digo, sujetándole las muñecas para detenerla—. No tenemos prisa…

Pero solo puedo hablar por mí. La desesperación en ella es palpable y mi peor instinto vuelve, pero esta vez para decirme que algo no está bien. Algo en su comportamiento no cuadra. La atrapo por la cara con una mano y la obligo a mirarme. Sus ojos están vidriosos, sus pupilas dilatadas al punto de casi cubrir el color de sus iris y no tiene ni una pizca de enfoque.

—¡Maldición! —gruño con brusquedad porque sé exactamente lo que eso significa.

Ella no responde de inmediato. Su respiración es rápida y pesada, su cuerpo arde contra el mío. Está sudando y sus manos no se quedan quietas ni un segundo.

—¿Te metiste algo? —le espeto, sacudiéndola hasta que escucho un gemido bajo—. ¡Respóndeme Liliana! ¡¿Te metiste algo?!

Ella parpadea, como si le costara entender mis palabras. Su mirada se pierde otra vez y se lleva las manos a la cabeza.

—No… yo… —balbucea con voz arrastrada, como si estuviera luchando por mantenerse presente.

Y eso no es normal, esa no es Liliana. Y la certeza me golpea con una fuerza difícil de evadir: No ha salido de mi vista en todo el día. No se ha separado de mí. No ha estado a solas ni un segundo en que pudiera drogarse… Liliana no está en sus cinco sentidos, pero lo que sea que le pase no es por decisión propia.

—¡Maldit@ sea! —murmuro, tratando de recordar cada cosa que hizo hoy, cada cosa que comió o bebió, y la verdad es que hemos compartido casi todo y yo no tengo nada.

Sin embargo no tengo mucho tiempo para elucubrar. Ella vuelve a besarme, con más intensidad esta vez, sus manos intentan deslizarse bajo mi ropa y su cuerpo tiembla, pero no parece frío, es más como si estuviera completamente fuera de control.

—Lili, para. ¡Tienes que parar! —digo con firmeza, sujetando sus muñecas de nuevo—. No estás bien.

CAPÍTULO 37. Una larga noche 1

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