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IMPERDONABLE romance Capítulo 26

CAPITULO 26. La misma

Logan

Liliana duerme profundamente, pero su rostro no refleja paz. Cada tanto, su cuerpo tiembla, como si estuviera atrapada en una pesadilla. En sus sueños, susurra los nombres de sus padres, con una tristeza que atraviesa incluso el silencio de la noche. Me quedo sentado a un lado de la cama, observándola, y no puedo sacarme de la cabeza lo que me dijo en el cementerio:

“Pensé que podía compensar lo que no pude hacer por ella. No era compatible con mi madre, así que no pude ayudarla… pero cuando me dijeron que era compatible contigo… creí… creí que era el destino. Sentí que era una oportunidad para salvar una vida, y te puse en su lugar yo… solo te puse en su lugar. No estaba viéndote a ti cuando decía que sí, la estaba viendo a ella… ¡Solo quería que volviera… solo… quería que mamá volviera!”

Pensó que salvarme era su forma de compensar lo que no pudo hacer por su madre, y eso, de alguna manera, me sacude más de lo que quiero admitir. Hace que recuerde a ese niño que sollozaba en el velorio de su madre, que no sabía qué hacer con tanto dolor.

La miro una vez más. Su fragilidad me desarma, me irrita y despierta algo extraño en mí: respeto. No por lo que ha soportado, sino porque lo ha hecho sola. Y por primera vez, siento que quizás he sido un completo imbécil.

Sus temblores se intensifican y, sin pensarlo demasiado, me deslizo a su lado en la cama. Mi cuerpo está rígido al principio, pero cuando la envuelvo con mis brazos, ella se acurruca contra mí como si fuera lo más natural del mundo. Incluso en su inconsciencia, me abraza de vuelta, buscando refugio.

Siento un nudo en la garganta, y la idea de que ella no tiene a nadie más en este mundo se incrusta en mi cabeza. Quizás, si dejo de comportarme como un ogro por un momento, si le doy algo de consuelo, ella confiará en mí lo suficiente para decirme la verdad. Porque, aunque intento convencerme de que todo esto es una estrategia, una parte de mí sabe que no es solo eso.

Debe estar amaneciendo ya cuando despierta lentamente, parpadeando como si no pudiera creer lo que ve. Está acostada a mi lado y posiblemente espere la peor respuesta de mi parte, así que cuando le hablo de mi cabello se queda en shock.

—¿Tus… greñitas? —pregunta en voz baja.

Su mirada vacila, como si estuviera calculando si lo digo en serio o es alguna clase de trampa.

—Si no quieres, puedes irte —le digo mientras me incorporo un poco—. Hoy no te voy a molestar para que me ayudes a asearme, pero tengo que hacerlo porque el fisio debe estar por llegar.

—¡No…! —casi me interrumpe—. Está bien. Puedo ayudarte.

Se levanta con cuidado, todavía un poco aturdida, y me guía al baño. Si no fuera porque sé que saldrá corriendo le diría que puede dejar su cepillo aquí.

—¿Quieres que te rasure? —me pregunta de repente y yo levanto una ceja, pensativo.

—¿Cómo crees que me veo mejor? —pregunta y sus labios se separan y se unen unas cuantas veces sin que llegue a salir ningún sonido de ellos.

Liliana me observa detenidamente, y por un segundo, me siento expuesto, como si sus ojos atravesaran todas las capas que construí para protegerme a lo largo de los años… hasta que sonríe.

—Como hombre de las cavernas —responde aguantando la risa—. Deberías dejarte la barba.

—¿Y luego quién me la cuida? —pregunto, divertido.

—Pues la misma que te ha estado cuidando hasta ahora —replica poniéndome los ojos en blanco antes de echarme atrás la cabeza para delinearme la barba.

CAPITULO 26. La misma 1

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CAPITULO 26. La misma 3

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