TOMO 3. CAPÍTULO 181. Una vida llena de cambios
Liliana
Mi corazón se encoge al escuchar a Logan pedirme que lo deje a solas con Gemma mientras ella despierta. Hay algo en su tono, una mezcla de culpa y dolor, que me hace obedecer sin protestar. Ya han pasado casi doce horas desde que terminó su operación, pero solo ahora es que viene teniendo un poco de lucidez. Sé que Gemma no es santo de la devoción de nadie, pero después de lo que hizo por salvar a mis hijos Arthur tiene razón: sería muy mala persona si no pusiera de mi parte.
Asiento y me despido de Logan con un beso en la mejilla antes de salir al pasillo.
Beri ya está despierta y parece más animada de lo que debería estar para alguien que salió de una operación hace menos de un día. La encuentro en su habitación con Kolya, que llegó hace poco, y, como si fueran un equipo invencible, no sueltan a los bebés.
—Dame a uno aunque sea —protesto, pero Beri me mira con una sonrisa de suficiencia.
—Yo los vi primero —responde, apretando al bebé contra su pecho mientras Kolya le hace eco, cargando al otro.
—De hecho yo fui el que primero los vi… ¡y quiero olvidar todo lo que vi!
—¡Kolya! —le grito y me cruzo de brazos—. Vas a consentirlos demasiado —le digo, suspirando.
—Ese es el punto —responde Beri con una carcajada.
Me rindo con un gesto de la mano y decido ir a buscar algo de café para Kolya y para mí, porque Beri todavía no puede por mucho que proteste. Voy de camino hacia la cafetería del hospital, pero mis pensamientos están en otra parte, y solo me detengo al ver a Arthur afuera de la habitación de Gemma.
Está caminando de un lado al otro, como un león enjaulado, y algo en su expresión me dice que algo va mal. Me acerco despacio, intentando no asustarlo.
—¿Arthur? —pregunto en voz baja.
Él se detiene y me mira. Parece a punto de decir algo, pero se lo traga y sacude la cabeza.
—¿Estás bien?
—No… digo sí… Nada, no es nada.
Cruzo los brazos, mirándolo fijamente porque a estas alturas no convence ni a mis pantuflas de conejo.
—No mientas. ¿Qué te pasa con Gemma? ¿Está pasando algo entre tú y ella que yo no sepa?
Arthur suspira y pasa una mano por su cabello. Se ve agotado, como si no hubiera dormido en días y esa no es buena señal.
—Es solo... un poco de culpa, supongo —admite finalmente, con la mirada fija en la puerta cerrada—. No le creí cuando dijo que solo quería ayudar. Pensé que estaba mintiendo, que tenía algún plan escondido.
—¿Y ahora te arrepientes? —pregunto, ladeando la cabeza.
—Más de lo que puedo explicar. —Su voz está cargada de impotencia—. Si la hubiera seguido, si… tal vez habría evitado que le dispararan.

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