TOMO 3. CAPÍTULO 155. Una amenaza afuera
Liliana
Cuando abro los ojos, me doy cuenta de que todo me duele. Es como si alguien me hubiera apaleado, aunque no entiendo por qué. Reconozco mi habitación de inmediato, y el familiar aroma de las sábanas me da un poco de calma.
Por un momento la desorientación me hace reaccionar cuando siento que me tocan y solo entonces me doy cuenta de que no estoy sola. Un doctor está revisándome con un estetoscopio, Arthur está en el umbral de la puerta, y en la otra esquina de la habitación, Logan camina de un lado a otro como un león enjaulado.
—¿Qué…? ¿Qué pasó? —pregunto con la voz algo rasposa y Logan se detiene de inmediato.
Su mirada se cruza con la mía, y veo algo en sus ojos que no esperaba: miedo, culpabilidad, y algo de rabia contenida.
—Nos disparó alguien —me dice mesándose los cabellos antes de retroceder cruzando los brazos—. Por suerte, alguien con muy mala puntería.
Parpadeo, tratando de recordar, pero mi memoria es un borrón, ni siquiera recuerdo el ruido de los disparos.
—¿Me dieron? Porque no siento nada... —digo, intentando moverme un poco, pero el doctor pone una mano en mi hombro.
Antes de que Logan pueda responder, Arthur se adelanta con una sonrisa burlona mientras mira a Logan. Es más que evidente que quiero molestarlo y que lo va a conseguir.
—No, no te dieron —dice, y suelta una risa breve—. Pero aquí el tonto tratando de protegerte te dio un sopapo en la cabeza y te dejó fuera de combate.
Me giro hacia Logan, y ahí está, con la cara más culpable del mundo, como si todo lo malo del universo fuera su responsabilidad. Intento no reír, pero al final no puedo evitarlo.
—¿De verdad? —le digo, entre risas y gemidos de dolor—. ¿Me dejaste inconsciente?
—¡No fue mi intención! —responde de inmediato, levantando las manos como si intentara defenderse, hasta que se escucha otra risa desde la puerta.
—Déjalo en paz, Arthur, con semejante hombre encima de ella ni cómo resistirse —apunta Beri antes de hacerle una señal al doctor para que la siga.
El médico termina de revisarme y guarda sus cosas, diciendo que solo necesito descansar, pero Logan lo sigue con la mirada como si estuviera evaluando si es suficiente o no.
—Tiene suerte, señora Valencia —dice el doctor antes de irse—. Pero debe tomarse en serio el reposo. Nada de esfuerzos.
—Sí, claro, como si eso fuera posible —murmuro.
El médico se va, Arthur y Beri lo acompañan y Logan toma una silla para sentarse al lado de mi cama. Lo observo en silencio por unos segundos. Parece agotado, como si no hubiera dormido en días, y honestamente con todo lo que le ha pasado desde las mordidas de los perros hasta hoy, no sé cómo se tiene en pie.
—¿Tienes alguna idea de quién nos disparó? —le pregunto finalmente, y Logan se frota la cara con ambas manos y suelta un suspiro.
—No, pero no fue alguien con experiencia. Si lo hubiera sido, créeme que no estaríamos teniendo esta conversación. Los disparos fueron cercanos, pero mal dirigidos —me asegura y sé que eso descarta a cualquiera de su familia porque son todos creciditos en el campo y buenos con las armas, incluida la desagradable de Gemma.
Así que solo veo una posibilidad y las dudas en su expresión me la confirman.
—¿Crees que fue Carolina?


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