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IMPERDONABLE romance Capítulo 141

TOMO 3. CAPÍTULO 141. La mejor estrategia

Liliana

Miro a los hombres y mujeres sentados alrededor de la mesa, y todos están a punto de explotar como bombas de relojería.

El gobernador me observa con una sonrisa expectante, confiado en que ya me tiene de su lado, mientras Braxton se pone rojo como una fresa pasada de tiempo. ¡Juro que hasta se le ven las semillitas!

La cuestión es que cada parte necesita mi apoyo y cada una espera que me vuelva contra la otra. Sin embargo antes de que los hacendados puedan hacer un escándalo mayúsculo, Arthur pone una carpeta delante del gobernador.

—Permítame explicarle: Apoyaré su nueva ley, señor gobernador. De hecho todos aquí la apoyaremos, tal como apoyaremos su candidatura —digo, dejando que el silencio se alargue lo justo para que algunos contengan la respiración—, pero con algunas condiciones, por supuesto.

Algunos se tensan. Otros inclinan la cabeza, como si estuvieran a punto de ser aniquilados, y el gobernador abre la carpeta.

—¿Estas condiciones? —pregunta.

—Exacto —le confirmo—. La primera es que todos los hacendados presentes en esta sala deben quedar exentos de esa ley durante los próximos seis años —digo y todos pasan del rojo moribundo al rosa aliviado en un instante—. Además, quiero un subsidio del cincuenta por ciento en los impuestos NR—5639, en el FK2—J45, y en el LAND—067 sobre el pago de tierras laborables y contratación de trabajadores.

El gobernador parpadea, sorprendido, y un murmullo recorre la sala. No me importa. Sigo con la misma sonrisa serena porque sé que no podría hacerlo por los hacendados de todo el estado, pero por catorce su ley no saldrá afectada y además se ganará una buena ayuda en su campaña.

—Es una concesión… bastante razonable —murmura.

—Y pasará de “razonable” a tentadora si sus funcionarios de migración trabajaran con más ahínco para regular el estatus de nuestros trabajadores para que pudieran convertirse en votantes activos ¿no le parece?

Veo el brillo codicioso en sus ojos y de inmediato da el “Sí” que hace que la sala se levante en aplausos.

Nos damos la mano y por supuesto que Braxton es el primero que se me acerca.

—Esa fue una jugada arriesgada, señora Valencia —me dice.

—Su mandato dura seis años —le respondo—. Hay que sacar lo mejor que podamos durante ese tiempo, después de eso, renegociaremos con quien lo suceda. Así funciona la política, señor Braxton.

El alivio en la sala es palpable, todos se aplauden, se abrazan, beben champaña como si les hubieran quitado un peso de encima o van a decirle a sus familias. Braxton me lanza una mirada de aprobación desde el otro extremo de la mesa, y no puedo evitar sentir una pizca de satisfacción.

Todos comienzan a salir, charlando animadamente, pero no sin antes acercarse a estrechar mi mano o incluso a darme un abrazo de agradecimiento, y por supuesto que entre ellos está Logan, que se queda de último.

Antes de que pueda reaccionar, siento sus brazos rodeándome.

—Gracias —me dice en voz baja, y sé que no me agradece nada el condenado, solo está a gusto teniendo una justificación para toquetearme.

Sin embargo esta vez no los rechazo.

—¿Te duele? —pregunto cuando lo aprieto de más y escucho un gruñido.

—Contigo no… —susurra y su nariz roza mi mejilla, me mira a los ojos, está tan cerca que estremece… demasiado cerca, como si fuera a besarme…

TOMO 3. CAPÍTULO 141. La mejor estrategia 1

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