TOMO 3. CAPÍTULO 131. Debiste saberlo
Liliana
Estoy a punto de quedarme dormida.
El día ha sido largo y agotador, y el calorcito bajo las sábanas es más que suficiente para llevarme al descanso. Los niños están dormidos, finalmente, y eso siempre es una pequeña victoria, porque con la energía que tienen cuando no está despierto uno, está despierto el otro, o si no uno despierta al otro y… ¡Solo las madres de gemelos entenderán!
Pero, por supuesto, no puedo tener un momento de paz ni siquiera para dormir.
Unos golpes ligeros en la puerta me sacan de mi casi—sueño y me siento en la cama asustada cuando veo a Arthur aparecer.
—Liliana —dice asomándose a la puerta, y su voz es calmada, pero con ese tono que indica que algo está ocurriendo.
—¿Qué pasa? –pregunto preocupada y lo veo poner los ojos en blanco con fastidio.
—El cucaracho está aquí. Está tratando de trepar la cerca.
Mis ojos se abren de golpe, y en cuestión de segundos estoy de pie.
—¡No me jodas…!
Salgo de mi habitación hacia la sala de seguridad y busco a Logan en las pantallas. En efecto ahí está, mirando la cerca como si estuviera pensando por dónde treparla.
—¿Qué demonios cree que está haciendo aquí a esta hora? —mascullo para mí misma, aunque Arthur lo escucha y me responde con un encogimiento de hombros.
—Supongo que viene por Kalaz —dice, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Tiene razón. Por supuesto que viene por Kalaz. No puede soportar que lo haya encontrado, que lo tenga aquí.
—Apaga la electricidad de la cerca —le ordeno con un tono lleno de impotencia—. ¡Antes de que el tarado se electrocute y me joda lo que queda de los planes!
Arthur me mira con escepticismo.
—¿Quieres que lo deje entrar?
—Pues si tiene que acabar en el hospital, prefiero que sea de un sopapo mío y no por los millones de voltios de la cerca. ¡Si es que para idiota no se estudia!
Arthur, acostumbrado a este desastre sin horario fijo, asiente y se dirige al panel de control. Unos segundos después, la cerca queda desactivada justo antes de que Logan la toque. ¡Por suerte para él!
Me pongo una bata ligera sobre el camisón que ya llevo puesto, meto el monitor de los bebés en el bolsillo y salgo de la casa hacia las caballerizas. Camino rápido, sintiendo la brisa fresca de la noche en mi piel, y cuando llego, ahí está: ¡Logan el salta—cercas!
Lo veo de pie frente a Kalaz, revisándolo; sus manos recorren el costado del caballo como si buscara algo, como si necesitara una confirmación. Por un momento solo lo observo, y algo en su postura rígida me dice que está más perdido de lo que jamás admitiría.
—No aprecio las visitas que no se anuncian… señor St. Jhon.

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