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IMPERDONABLE romance Capítulo 121

TOMO 3. CAPÍTULO 121. La distancia necesaria.

Liliana

Salgo de la pequeña empresa de yates y me subo a la camioneta que ya me espera al otro lado de la calle. Arthur sube a mi lado, impecable como siempre; y apenas cierra la puerta me acomodo y le lanzo una mirada de aprobación.

—No me puedo quejar de tu puntualidad inglesa, Arthur. Esa fue una entrada grandiosa —sonrío y él me devuelve el gesto antes de darle indicaciones al chofer para que nos lleve a mi hotel.

—Siempre intento estar a la altura de las expectativas. —Hace una pausa, y su tono se vuelve un poco más ligero—. Entonces, ¿supongo que no tendré mi velerito?

Me río. Claro que lo dice para picarme, y yo miro por la ventana un momento, a lo que acabamos de dejar atrás, antes de responderle.

—Oh, Arthur, créeme, te lo has ganado de sobra. Vi un velero de sesenta pies de eslora… dame tres días y te aseguro que lo tendrás a tu nombre. —Le doy una palmada en el hombro, y ambos nos echamos a reír.

Arthur siempre tiene ese toque seco y sarcástico que me hace sentir que todo está bajo control, incluso cuando la situación está lejos de ser la ideal.

De repente lo veo ponerse serio y esbozar un largo suspiro.

—OK, no me gusta ser portador de malas noticias, pero sabes que esto no va a funcionar, ¿verdad? Las demandas, ya no proceden porque Liliana Duque ya no existe.

Asiento con la cabeza mientras miro hacia el frente, y entiendo que tiene razón en eso de que la demanda no puede proceder, pero eso no es lo importante.

—Yo lo sé, Arthur. Pero Derrick no. Y ese idiota no va a tardar en hacer su siguiente movimiento, el más estúpido posible, te lo garantizo.

—En especial ahora que sus cuentas en Caimán han sido hackeadas y su maletín de dinero de respaldo ha sido terriblemente robado de su casa —sonríe Arthur con ironía, y sé que entiende el juego tanto como yo.

Pasan un par de horas y me siento tranquila, pero no descuidada. Estoy en mi suite, observando el horizonte desde el ventanal mientras el sol comienza a ponerse, cuando escucho unos golpes en la puerta. Golpes insistentes, casi desesperados, y lo primero que pienso es que ya se había tardado demasiado.

No me molesto en moverme. Me limito a echarle una mirada rápida a Arthur, que está sentado en la sala, hojeando un libro como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

—Es todo tuyo —le digo con un tono ligero, casi divertido.

Arthur cierra el libro con calma, se levanta y ajusta su camisa, desabrochándose dos botones sobre el pecho antes de subirse las mangas y despeinarse un poco frente al espejo. El tipo sabe cómo hacer un espectáculo. Cuando abre la puerta, escucho a Logan al otro lado. Aunque no puedo ver su cara desde aquí, sé perfectamente cómo está: tenso, furioso y, sobre todo, desconcertado.

—Quiero hablar con Liliana. —Su voz suena grave, casi como un gruñido.

Arthur, sin embargo, no pierde la compostura. Se apoya en el marco de la puerta, saca una tarjeta de presentación del bolsillo trasero de su pantalón; y su cara está entre la burla y la indiferencia cuando se la extiende a Logan.

—Por supuesto, señor St Jhon. Llame a la oficina y haga una cita con su secretaria. La señora Valencia no está en horario de negocios ahora mismo.

Escucho el silencio incómodo de Logan y sé que está tratando de contenerse mientras responde:

—Esto no es un negocio. ¡Esto es privado, importante!

TOMO 3. CAPÍTULO 121. La distancia necesaria. 1

TOMO 3. CAPÍTULO 121. La distancia necesaria. 2

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