Al escuchar eso, la señora Vargas casi se desmaya de la ira.
¿Qué clase de educación le estaba dando Elena a esa niña? ¡Ella era su propia abuela, no una bruja!
Como no lograba doblegar a su hijo, la señora Vargas no tuvo más remedio que renunciar a su preciado auto nuevo con profundo dolor.
Al llegar a casa, estaba tan furiosa que ni siquiera pudo cenar.
Esa noche tampoco pegó un ojo.
Al día siguiente, Oihana fue a visitarla. Al verla con un aspecto tan decaído, le ofreció algunas palabras de consuelo.
La señora Vargas no tardó en desahogarse, quejándose amargamente de su hijo.
Oihana, como de costumbre, le doró la píldora diciéndole exactamente lo que quería escuchar.
Cuando terminó de consolarla, Oihana cambió de tema.
—Señora Vargas, justo ahora tengo entre manos un proyecto excelente. ¿Le interesaría invertir? Si entra ahora, para fin de año seguro que duplicamos las ganancias. Así recuperará todo el dinero que perdió antes.
—Olvídalo —suspiró la señora Vargas, frotándose las sienes—. Ahora mismo no tengo liquidez, ¿con qué voy a invertir?
Pero Oihana insistió, asegurándole que otras damas de la alta sociedad ya habían invertido y que, si dejaba pasar la oportunidad, se arrepentiría toda la vida.
La señora Vargas, que era de voluntad débil, volvió a dejarse tentar.
Además, necesitaba dinero con urgencia. Si no, ¿cómo iba a comprar su auto nuevo?
Desde que falleció Ofelia, ella se había convertido en la envidia de la élite de Ciudad del Norte. Era evidente que su estilo de vida tenía que seguir siendo impecable.
—De acuerdo —accedió, apretando los dientes—. Veré cómo conseguir el dinero.
—Entonces esperaré a que se refleje el depósito para venir a buscarla —sonrió Oihana—. De verdad es un negocio redondo, no se tarde demasiado o cerrarán las inversiones y luego no habrá vuelta atrás.
Dicho esto, Oihana se despidió.
La anciana Vargas endureció la expresión y le dio un buen regaño.
—Paloma, creo que tienes la cabeza vacía. Siempre sales perdiendo y nunca aprendes. Si vuelves a apostar o a meterte en inversiones dudosas, te echaré yo misma de la familia Vargas. No te pido que aportes a la fortuna familiar, pero al menos no la despilfarres. Nadie aguanta a una mujer tan derrochadora. Sería mejor que gastaras tu dinero comprando joyas todos los días; al menos eso es mejor que regalárselo a unos estafadores.
La señora Vargas salió de la habitación con el rostro ardiendo de humillación.
Su corazón estaba lleno de amargura. ¿Por qué nadie en esa casa la valoraba?
Todo era culpa de Elena. Primero le lavó el cerebro a Alejandro y ahora había puesto a la anciana en su contra.
Su vida se estaba volviendo un infierno.
Y lo peor era que no podía hacerle nada a Elena. ¡Qué frustración!
El viernes por la noche, Alejandro acompañó a Elena a una exclusiva joyería.
El cumpleaños de Elena se acercaba y ella le había advertido con anticipación que este año elegiría su propio regalo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....