Pero este sujeto, Raúl Soler, fingía no entender y mantenía esa sonrisa descarada en su rostro.
Elena se dio la vuelta para marcharse.
Pero Raúl la siguió de cerca.
—Señorita Navarro, ¿por qué es tan distante? Solo quiero que seamos amigos. Creo que tal vez tiene una idea equivocada sobre mí. Si se toma el tiempo de conocerme un poco, se dará cuenta de que soy un excelente partido.
Elena lo miró con el ceño fruncido y decidió ser aún más directa.
—Señor Soler, lo que está haciendo en este momento se llama acoso. Me hace sentir profundamente incómoda. ¿Podría, por favor, marcharse?
Raúl se quedó de una pieza.
No se esperaba una respuesta tan franca.
En su círculo social, siempre había sido sumamente popular entre las mujeres. Esta era la primera vez que se estrellaba contra un muro de esa magnitud y, por un instante, no supo cómo reaccionar.
Aprovechando su desconcierto, Elena avanzó rápidamente por la acera.
Cuando Raúl vio que ella se subía a un auto bastante común, una expresión de desprecio cruzó su rostro.
Si de verdad tenía marido, aquel hombre debía ser un don nadie. De lo contrario, ¿por qué dejaría que ella viajara en un coche tan ordinario?
En ese momento, se lamentó de no haberle enseñado a Elena su auto de lujo; tal vez eso la habría hecho cambiar de opinión.
A pesar de haber sido rechazado, Raúl no tenía la menor intención de rendirse.
Elena era, hasta el momento, la chica más hermosa que había conocido. Si a eso le sumaba su evidente origen humilde, estaba convencido de que, si se esforzaba un poco más, terminaría conquistándola.
***
Elena llegó a la oficina de Alejandro.
Él estaba en una reunión, así que ella se sentó en el sofá a esperarlo.
Habían quedado en ir juntos a hacerse unos exámenes médicos.
Llevaban un tiempo con la preparación para la concepción, y Elena pensó que ya debería haber resultados, pero su periodo le había bajado de manera puntual ese mes.
Por eso sintió que era necesario hacerse unos estudios.
Si había algún problema de salud, podrían empezar un tratamiento a tiempo.
—Son unas ciruelas que me dio Zacarías —respondió ella con una sonrisa suave—. Traje un poco para ti.
Ya había probado algunas y, como le parecieron deliciosas, pensó en llevarle el resto a Alejandro para que las disfrutara en la oficina.
Dicho esto, sacó una ciruela y se la ofreció.
Alejandro, con total naturalidad, la mordió directamente de la mano de Elena.
—Están buenas —asintió.
El cliente que estaba a sus espaldas se quedó petrificado.
¿Desde cuándo el director Vargas se comportaba como un marido cariñoso con esa chica tan hermosa?
¿Acaso había estado tan desconectado del mundo que no se enteró de que el director se había casado?
Elena, al notar la mirada atónita del hombre, sonrió un poco apenada.
Luego, preguntó a los clientes:
—¿Gustan probar una?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....