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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 961

A Aurora no le caía nada bien la anciana Valiente. Quería echarla, pero no sabía qué decir.

Ahora, al ver cómo su papá había hablado y le pedía a la anciana que se fuera, dejándola con el rostro rojo de la ira, aplaudió feliz.

—¡Bruja mala, vete ya!

La anciana Valiente, al escuchar que la llamaba bruja, estalló:

—¡Qué mocosa tan maleducada!

Elena miró a la anciana Delgado y a Lisandro, que estaban detrás de la anciana Valiente, adivinando el verdadero motivo de su visita.

Era evidente que no se marcharían hasta que las cosas quedaran claras.

—Anciana Valiente, ¿vino por culpa de Lisandro?

La anciana Delgado, al escuchar que mencionaban a su nieto, la fulminó con la mirada.

—Hoy atacaste a mi nieto, lo dejaste empapado. ¿Qué pasa si se resfría o le da fiebre?

Elena soltó una risa irónica.

—¿Por qué no le pregunta primero qué hizo él? Pateó la pelota hacia mí a propósito. Fui al hospital al mediodía, ¿quiere que le muestre el reporte médico de mis lesiones?

La anciana Delgado soltó un bufido frío.

—Mi nieto aún es muy pequeño. Es normal que juegue sin medir las consecuencias. Que te ensañes con un niño demuestra lo maliciosa que eres.

Pero Elena no estaba dispuesta a tolerar sus tonterías.

—Siendo así, puedo llevar el reporte médico a la comisaría. Me encantaría saber si un niño como él no debe asumir ninguna responsabilidad legal. Si aún tiene objeciones, señora Delgado, también podemos publicar el asunto en internet y dejar que la gente juzgue.

A la anciana Delgado le importaban demasiado las apariencias y, por supuesto, no quería que el asunto se hiciera público.

Además, su nieto heredaría la empresa familiar en el futuro. Su reputación era vital y no podía permitir que esta mujer la arruinara.

Su rostro se ensombreció y guardó silencio.

Solo entonces la anciana Valiente se enteró de que Lisandro había cometido semejante falta, lastimando a alguien a propósito a tan corta edad.

Vaya joyita, estaba demasiado consentido por los Delgado.

—No es necesario. Me puse la crema que recetó el doctor, en un par de días estaré bien.

Aunque Lisandro era solo un estudiante de primaria, era bastante fornido. La había atacado a propósito y, cuando la pelota la golpeó, el impacto le había entumecido el hombro.

Ella creyó que al venir a Ciudad del Norte ya no tendría que cruzarse más con los Romero, pero no imaginó que Valeria también se mudaría.

Por la noche, antes de dormir, Alejandro revisó su hombro y notó una gran mancha roja sobre su piel de porcelana.

Su expresión se oscureció al instante.

—Los Delgado tienen a Lisandro tan consentido que creen que puede hacer lo que se le dé la gana. Yo no puedo pelear con un niño, así que ajustaré cuentas con sus padres.

***

Cuando la anciana Valiente regresó a su casa, todavía seguía furiosa.

Llamó a Hugo y le dio un buen sermón.

—¡Ni siquiera puedes educar bien a tu propia hija! Ahora resulta que quiere pasar por encima de mí sin mostrarme el mínimo respeto. ¡Nunca en mi vida me habían humillado de esta manera!

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