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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 959

Esos nietos llevaban tanto tiempo viviendo en Ciudad del Norte y nunca habían ido a visitarla. Qué falta de respeto hacia sus mayores.

Como tenía otros nietos, había decidido simplemente ignorarlos.

Pero jamás imaginó que Elena se atreviera a hacer el ridículo en público, acosando al joven nieto de la familia Delgado.

Para la anciana Valiente, las apariencias lo eran todo. No iba a permitir que Elena arruinara la reputación de su familia.

—La culpa de todo esto es de mi nieta —le dijo a la anciana Delgado—. Yo misma me encargaré de darle una buena lección.

La anciana Delgado, al ver que la mujer razonaba, le tomó la mano.

—Te lo digo porque te considero de mi propia familia. Esa nieta tuya tiene un carácter espantoso. Alguien tiene que enseñarle modales.

La anciana Valiente asintió y de inmediato ordenó que averiguaran el lugar de trabajo de Elena Navarro.

Luego, ambas ancianas partieron hacia allá.

Sin embargo, a Elena le dolía el hombro esa tarde, por lo que había salido temprano, a las cinco, para ir a descansar a casa.

Aurora, al verla incómoda, le sostenía el rostro con sus manitas y la llenaba de besos.

—Mami, ¿dónde te duele? Yo te soplo para que sane.

Elena sentía que su hija era simplemente adorable, y solo con verla, el dolor del hombro parecía aliviarse un poco.

Mientras tanto, la anciana Valiente y la anciana Delgado tuvieron que cambiar de rumbo y dirigirse al Residencial Ébano.

—Esa nieta tuya sí que es hábil —comentó la anciana Delgado—. En cuanto se juntó con Alejandro, de inmediato tuvo una hija. Y fíjate, ni siquiera hicieron boda y la familia Vargas no la ha reconocido. Qué escándalo. ¿Qué chica de nuestro círculo social se atrevería a tanto?

Al escuchar eso, la anciana Valiente sintió aún más repulsión por Elena.

A ella le gustaban las chicas recatadas de las otras ramas de la familia, aquellas que se casaban con hombres de familias del mismo nivel, tenían hijos y se quedaban en casa siendo amas de casa ejemplares.

No como Elena, que se dedicaba a hacer cosas tan vergonzosas.

Se notaba que era una chica criada en un entorno humilde; no tenía pudor ni vergüenza.

Lisandro también las había seguido.

Quería ver con sus propios ojos cómo su abuela le daba una lección a Elena para así poder vengarse.

Sonó el timbre.

Él quería muchos de esos juguetes, pero su mamá siempre decía que eran muy caros y no se los compraba.

¡Qué increíble sería si todos esos juguetes fueran suyos!

Cuando esa mujer mala se disculpara, definitivamente le quitaría todos esos juguetes.

—Qué falta de modales —se burló la anciana Valiente con sarcasmo—. Llevas tanto tiempo en Ciudad del Norte y ni siquiera has sido capaz de ir a visitarme.

Luego, miró a Aurora con el ceño fruncido.

—¿Esta es la hija que tuviste con Alejandro? Debería llamarme bisabuela.

A Aurora le pareció que la señora daba miedo, así que no solo la ignoró, sino que volteó la carita hacia otro lado.

El rostro de la anciana Valiente se contorsionó de ira.

—¡La madre no tiene educación y la mocosa sigue el mismo ejemplo! Bianca demostró ser una inútil. Si no hubiera hecho su rabieta yéndose de Ciudad del Norte, ustedes dos no habrían desaparecido sin más. Y ahora que las encuentran, las deja a su suerte, viviendo en este estado tan lamentable. Es una completa vergüenza.

El rostro de Elena se ensombreció.

Que esta mujer criticara a Hugo era una cosa, pero ¿cómo se atrevía a insultar a su madre?

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