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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 955

La señora Molina sabía que tanto Elena como Alejandro tenían agendas de trabajo sumamente apretadas, por lo que no siempre estaban al tanto de todo lo que ocurría en la casa.

En su momento, creyó que desviar un poco de dinero de las compras del mercado ya era una osadía de su parte.

Pero jamás imaginó que esta nueva niñera sería tan descarada como para llevarse a su propia hija al trabajo. ¡Qué falta de vergüenza!

Cuando Elena regresó a casa tras terminar sus pendientes, fue recibida por un ambiente lleno de tensión.

Carmen había llevado a Aurora adentro para cambiarle la ropita y ponerle pomada en los raspones de las rodillas.

Había decidido que, en cuanto terminara de curar a la niña, arreglaría cuentas con esa intrusa.

La señora Molina había seguido a Carmen al interior de la casa, soltando veneno y criticándola sin parar.

Al ver a Elena entrar, la señora Molina se adelantó apresuradamente:

—¡Ay, señorita Navarro, al fin llega! Tiene que ver esto. Esta nueva empleada es un desastre total. No solo se pone a jugar con el celular en lugar de cuidar a la niña Aurora, ¡sino que hasta se trajo a su propia hija! Si uno no lo supiera, pensaría que esta es su casa. ¡Tiene que despedirla de inmediato!

Elena la miró con una expresión gélida.

—Señora Molina, ¿qué está haciendo usted aquí?

La mujer esbozó una sonrisa servil.

—Ay, señorita, sé que usted está muy ocupada y necesita ayuda en la casa. Pensé que sería buena idea que me diera otra oportunidad. Le juro que ya aprendí la lección. De ahora en adelante haré las cosas perfectamente y no le daré motivos para enojarse. Haré exactamente lo que usted me ordene.

Elena la ignoró por completo y dirigió su mirada hacia Carmen.

—Tía, ¿estás bien?

Al escuchar que Elena llamaba «tí» a esa mujer, la sonrisa de la señora Molina se congeló y su rostro palideció.

No podía ser cierto... ¿Esa señora tan común y corriente era la tía de Elena?

Carmen se volvió hacia la señora Molina, con una postura desafiante y la voz llena de furia.

—Y ahora, explíqueme algo: ¿Por qué empujó a mi niña? Nadie tiene derecho a lastimar a Aurora sin razón. ¡Me va a dar una explicación ahora mismo!

Ariadna, parada a su lado, apoyó a su madre:

Aurora, al ver a su mamá, estiró los bracitos haciendo pucheros para que la cargara.

Elena la abrazó con ternura y la arrulló un buen rato. Una vez que la niña se sintió segura, bajó corriendo para seguir jugando con sus cosas.

Ariadna, todavía sintiendo pena por el susto de Aurora, se quedó a su lado para cuidarla.

La abuela Navarro había escuchado el alboroto y, al enterarse de que aquella mujer había sido la empleada de la casa, sintió un nudo de preocupación en el estómago.

—Definitivamente, no se le puede confiar los niños a gente de afuera... Elena, piénsalo bien. ¿No sería mejor que hablaras con Alejandro y consideraran mudarse con tu madre?

—Abuela, Aurora ya entró a la guardería. Mi mamá será la encargada de llevarla y recogerla —explicó Elena con calma—. Mientras yo esté en la oficina, ella la cuidará. Las personas que contratamos solo se encargarán de la limpieza y de preparar la comida.

Al escuchar eso, la abuela asintió con aprobación.

—Así está mucho mejor. La familia siempre será mejor que cualquier extraño, y más cuando se trata de proteger a los más chiquitos de la casa.

Después de pasar tres maravillosos días en Ciudad del Norte, la abuela y su familia comenzaron a preparar su viaje de regreso.

—Todavía faltan días del puente, abuela —le dijo Elena—. ¿Por qué no se quedan un poquito más?

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