La señora Molina explotó de indignación.
—¡Qué hablas! Yo soy la que más duro trabaja en esta casa. La señorita Elena te tiene preferencia porque te la pasas de arrastrada, adulándola todo el tiempo. Por eso te dio ese dinero. Ya veo que en esta vida vale más ser una chupamedias que sudar la gota gorda.
La señora Medina ni se inmutó. La ignoró por completo y siguió limpiando los juguetes en la habitación de Aurora.
***
Esa misma noche, Elena fue a cenar a la mansión de la familia Valverde y aprovechó para hablar con Bianca sobre su intención de buscar una nueva cocinera.
Al escuchar que la señora Molina era una espía infiltrada, el rostro de Bianca se ensombreció de rabia.
—Si es así, patitas a la calle hoy mismo. La señora Santini, mi cocinera de toda la vida, es de absoluta confianza. La enviaré mañana a tu casa para que se haga cargo.
Elena sabía perfectamente que la señora Santini llevaba años trabajando para la familia Valverde y que tanto Dante como Bianca adoraban su sazón. Llevarse a su empleada estrella sería una grosería y alteraría la comodidad de su nueva familia.
Siendo la más joven, no era correcto quitarle el personal a los mayores, así que se apresuró a declinar la oferta.
—La voy a echar, por supuesto, mamá. Pero no todavía. Tengo cuentas pendientes que ajustar con ella y no quiero alertar al enemigo antes de tiempo. Te pido que, por favor, me ayudes a buscar a alguien de confianza en estos días. Confío ciegamente en tu criterio, después de todo, fuiste tú quien me recomendó a la señora Medina y ha sido una bendición.
—Cuenta con ello, mi niña —aseguró Bianca con firmeza.
Mientras tanto, en la casa, la señora Molina, resentida porque la otra empleada recibía dinero extra, comenzó a hacer su trabajo de peor gana.
Incluso, en un acto de pura venganza mezquina, «olvidaba» ponerle sal a la comida.
El viernes por la noche, Elena la llamó a la sala para hablar a solas.
Con un gesto impecable, puso una lista sobre la mesa.
—Solo esta semana, te olvidaste de ponerle sal a la comida tres veces. Ayer, los vegetales estaban crudos. Y Aurora ya me comentó que las dos últimas veces su cena no tenía sabor a nada. Señora Molina, si no se siente bien de salud, le acepto la renuncia hoy mismo para que vaya a descansar a su casa.
La mujer, que cobraba dos jugosos sueldos por su doble juego, entró en pánico ante la idea de ser despedida.
—¡Ay, señorita Elena, perdóneme! Es que he tenido unos problemas familiares muy fuertes y ando con la cabeza en las nubes. Le juro por Dios que no vuelve a pasar, me concentraré en mi trabajo.
Elena asintió lentamente, con una frialdad calculada.
Elena estaba sentada frente al espejo, aplicándose una crema hidratante. Lo miró por el reflejo, fingiendo indignación.
—¿Acaso crees que soy de las que se dejan pisotear por cualquiera?
Alejandro soltó una carcajada profunda.
—Yo jamás dije eso.
Sabía que, aunque Elena siempre hablaba con un tono suave y educado, tenía un carácter de acero cuando se trataba de imponer respeto.
—Te aseguro que mañana mismo irá llorando a quejarse con mi madre —añadió Alejandro con un suspiro—. A veces no entiendo qué pasa por la cabeza de esa mujer. Tenemos paz en la casa y ella insiste en armar un circo de la nada.
Elena ya tenía tomada la medida de la señora Vargas, así que respondió sin inmutarse:
—Si busca la guerra, guerra tendrá. Que mande lo que quiera.
Ya no era la joven sumisa y asustadiza del pasado, dispuesta a aguantar humillaciones en silencio. Si la señora Vargas quería jugar sucio, ella estaba más que lista para destruir su tablero.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....