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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 928

Oihana la conocía a la perfección y sabía exactamente cómo manipular sus inseguridades.

—El otro día que fui a dar una vuelta por el centro, me encontré con la señora Molina. ¿La recuerdas? Trabajó como tu cocinera hace más de diez años. Resulta que su marido había logrado hacer algo de dinero y ella dejó de trabajar, pero escuché que él perdió todo apostando y ahora ella tiene que volver a emplearse. ¿Por qué no la recomiendas para que trabaje en la casa de Elena? Así, cualquier movimiento o secreto que pase en esa casa, tú serás la primera en saberlo.

A la señora Vargas le pareció una idea espléndida.

—Tienes toda la razón. Alejandro es mi hijo, pero es un completo misterio para mí. Mi madre se entera de más cosas que yo y no puedo seguir permitiendo eso. El problema es que hace muchísimo tiempo que no hablo con la señora Molina y no tengo su contacto.

—No te preocupes por eso, yo lo tengo. Te lo paso en un segundo.

***

Desde que la pequeña Aurora cambió de preescolar, Elena decidió prescindir de los servicios de la niñera y de la educadora especializada, dejando únicamente a dos empleadas en casa: una encargada del aseo general y otra enfocada exclusivamente en preparar las comidas.

En cuanto a recoger a la niña de la escuela, Bianca se había ofrecido a ayudar.

Pero como por arte de magia, tanto la mujer de la limpieza como la cocinera anunciaron al mismo tiempo que sus nueras estaban a punto de dar a luz y presentaron su renuncia para regresar a sus pueblos.

Elena le comentó el contratiempo a Bianca.

—No te agobies, yo me encargo de buscarte a dos buenas empleadas que sean de entera confianza —le aseguró Bianca.

Elena le delegó la tarea con total tranquilidad y siguió concentrada en sus proyectos de laboratorio.

Bianca entrevistó a docenas de candidatas hasta que finalmente seleccionó a dos mujeres.

Una de ellas era la señora Molina, que se encargaría de la cocina.

La otra era la señora Medina, que se ocuparía de la limpieza de la casa.

Elena siempre confiaba en el buen juicio de Bianca y, al ver que ambas mujeres parecían honradas y trabajadoras, les dio el visto bueno para comenzar.

El sazón de la señora Molina era bastante suave, sin demasiados condimentos. No era tan delicioso como el de la empleada anterior, pero Elena pensó que una dieta más ligera y natural era mucho mejor para la salud de Aurora, por lo que no le dio mayor importancia.

Así pasó el primer mes, y tras conversar con Alejandro, decidieron que ambas mujeres habían pasado el periodo de prueba.

Alejandro, sabiendo que Bianca había sido quien las recomendó, tampoco puso objeciones.

—No. Los doctores ya dijeron que las esperanzas son mínimas, pero mi abuela y mi tía se niegan a soltarlo y andan buscando remedios caseros y milagros por todos lados.

Ximena miró a Elena con un destello de súplica.

—Elena, tú que estás en esto... ¿Crees que tu equipo pueda desarrollar alguna medicina nueva que logre despertar a mi primo?

Elena reflexionó un momento antes de responder con total honestidad.

—El sistema nervioso es sumamente delicado. El caso de tu primo requeriría especialistas en regeneración neuronal severa. Mi campo de investigación actual es muy diferente y, lamentablemente, no tengo cómo ayudar en algo así.

El rostro de Ximena reflejó una profunda decepción.

—Entonces, de verdad ya no hay nada qué hacer por mi primo.

En ese momento, la señora Molina se acercó para servirles unas tazas de té caliente.

Ximena tomó la suya, dio un pequeño sorbo e inmediatamente frunció el ceño con extrañeza.

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