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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 918

Al llegar a la oficina, Mireya se acercó y le entregó dos carpetas.

—Elena, investigué dos laboratorios más. Su plataforma de experimentación también es de primer nivel.

Elena asintió y revisó los documentos.

Al compararlos, la tecnología de Prisma seguía siendo superior.

Decidió hacer un último intento.

Tras terminar sus pendientes urgentes, se dirigió a las oficinas de Prisma.

El asistente de Bernardo le informó que estaba en una junta y le pidió que regresara otro día.

—No hay problema, puedo esperarlo —respondió Elena con una sonrisa tranquila.

Sacó su computadora portátil, se acomodó en la sala de espera y se puso a trabajar.

El asistente suspiró, sorprendido por la tenacidad de la señorita Navarro.

Al mediodía, el asistente salió a recibir un pedido de comida.

—Supongo que el señor Peralta hará una pausa para almorzar —lo abordó Elena—. ¿Podría decirle que solo necesito cinco minutos de su tiempo?

El asistente la miró con pena.

—Señorita Navarro, el director está muy ocupado. Me temo que no podrá recibirla.

Elena lo entendió al instante.

Bernardo no estaba ocupado; simplemente la estaba evitando.

Al darse cuenta de que no tenía caso seguir insistiendo, guardó sus cosas y se marchó.

De camino a casa, en un semáforo, alcanzó a ver el auto de Héctor Fuentes.

Héctor también reconoció el de ella.

Como llevaban tiempo sin verse, decidieron detenerse a almorzar juntos.

Al enterarse de que Elena venía de Prisma, Héctor frunció el ceño.

—No pierdas más el tiempo con Bernardo. Últimamente se ha vuelto muy cercano a Ezequiel y están trabajando en un proyecto juntos. Es obvio por qué te está rechazando.

Héctor sacó su celular y le envió el contacto.

—Le avisaré que lo vas a buscar. Háblalo directamente con él.

Elena le agradeció.

—Cambiando de tema —añadió Héctor—, Amelia y yo nos casamos a finales de mes. Quería preguntarte si tendrías tiempo de ser una de sus damas de honor.

—Por supuesto que haré el tiempo —respondió ella con una gran sonrisa.

—Perfecto. Haremos dos celebraciones: una en Ciudad del Río y otra aquí en Ciudad del Norte.

Aunque Héctor y Amelia vivían en ciudades distintas, él tomaba un vuelo todas las noches para estar con ella.

Por esa misma razón, Elena casi nunca lo veía a la hora de cenar.

Esa misma tarde, Elena contactó a Zacarías Almagro, el director de Inteligentia.

Zacarías la trató con una calidez absoluta.

—Nos vemos mañana a primera hora para hablar de los detalles —le dijo Zacarías con amabilidad—. Héctor es como un hermano para mí, así que trátame con confianza. Te prometo que te daré un precio especial.

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