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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 915

Al salir del trabajo, Elena recibió una llamada de Bianca.

—Elena, traje a Aurora a casa en la zona residencial. Pasa por aquí a cenar cuando salgas.

Elena y Alejandro vivían en una de las mejores zonas de la ciudad.

Bianca y Dante residían en el prestigioso complejo de residencias de lujo.

Ambos vecindarios estaban a solo diez minutos en auto, por lo que Bianca nunca consideró mudarse cerca de ellos.

Bianca pasaba sus mañanas cuidando a la niña siempre que tenía tiempo. Sin embargo, como Aurora prefería jugar con sus maestras de estimulación temprana, la abuela solo necesitaba vigilarla de vez en cuando.

—Claro, mamá. En un rato llego —respondió Elena.

Eran casi las siete cuando Elena llegó a la casa de la familia Valverde.

Alejandro tuvo que quedarse horas extras y no pudo acompañarla.

En la amplia sala de estar, rodeada de todos sus juguetes, Aurora estaba sentada como una princesita.

Dante, con una expresión de total seriedad, estaba sentado en un banquito pegándole calcomanías en las uñas a la pequeña.

Cuando Aurora vio sus manitas adornadas con cinco calcomanías de princesas, soltó una carcajada cristalina.

Su risa era tan contagiosa que Dante, Bianca y hasta la empleada no pudieron evitar sonreír.

Elena los observó con el corazón lleno de ternura.

Al ver a su mamá, Aurora corrió hacia ella con sus piernitas regordetas, pidiendo que la cargara.

Elena la levantó en brazos y caminó hacia el comedor.

Al ver que la empleada comenzaba a calentar la comida, Elena miró a Bianca.

—Mamá, la próxima vez no me esperen para cenar. Pueden comer antes.

—No te preocupes, comimos fruta y unos bocadillos —sonrió Bianca—. Además, la comida sabe mejor cuando estamos todos juntos.

—¡Sí, comer juntas! —coreó Aurora, aplaudiendo.

Ya en la mesa, Bianca notó que Aurora no estaba comiendo mucho e intentó darle la comida en la boca.

—Deja que intente comer sola —intervino Elena suavemente.

La señora Vargas se retorció de envidia y celos.

Pero rebajarse a pedirle perdón a Elena era impensable para ella.

Solo le quedaba lanzar indirectas a su esposo y a la anciana para que llevaran a la niña a visitarla.

Pero todos parecían sordos; nadie había hecho el intento de llevar a Aurora a la casa principal.

Frustrada, se quejó con Damián.

—Conténtate con ver los videos y las fotos —respondió él sin apartar la vista de su periódico—. Ni siquiera sabes cómo criar a un hijo, ¿para qué insistes en tener a la niña aquí?

La señora Vargas sintió que su esposo no la entendía en lo absoluto y desistió de hablar con él.

Pero la frustración se fue acumulando en su pecho, amargándole cada día.

Tanto se estresó que terminó en el hospital.

El doctor le advirtió que los nódulos en sus pechos habían aumentado considerablemente y le ordenó que se relajara, o de lo contrario tendrían que operarla.

Al escuchar esto, la señora Vargas se deprimió aún más. Llena de autocompasión, subió una selfi a Instagram donde se veía demacrada, detallando sus problemas de salud.

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