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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 891

Elena mantuvo una expresión gélida, irradiando una autoridad imponente.

—Ahora soy yo quien está al mando de Bruma Alta. Si el director López quiere seguir a su antiguo jefe, adelante. Estoy segura de que director Damián estará encantado de llevárselo a pescar para que se jubilen juntos.

El director López se quedó callado al instante.

Se dieron cuenta de que Elena era de armas tomar y que enfrentarse a ella directamente solo arruinaría sus propias carreras.

Al ver la situación, el director Méndez y el director Quiroga fueron astutos y se disculparon de inmediato.

Sin más opciones al ver que sus compañeros retrocedían, el director López tuvo que tragarse su orgullo e inclinar la cabeza ante Elena.

Elena les habló con frialdad:

—No soy alguien irrazonable. Haremos esto: antes del fin de la jornada, quiero que cada uno me entregue dos documentos. Primero, su plan trimestral. Segundo, una carta de disculpa escrita a mano de tres mil palabras. Si no me los entregan, asumiré que han decidido renunciar.

Los tres hombres abrieron los ojos de par en par, completamente incrédulos.

El plan trimestral era lógico, pero ¿una carta de disculpa escrita a mano?

¿Acaso los estaba tratando como a niños de primaria?

Sin darles tiempo a quejarse, Elena los despidió:

—Si no tienen objeciones, pueden retirarse.

Con los rostros pálidos y el orgullo destrozado, los tres salieron de la oficina.

Cuando el resto de la alta gerencia se enteró de la lección que Elena les había dado a López, Méndez y Quiroga, cambiaron de actitud radicalmente. Los que planeaban enviarle informes mediocres y hechos a medias comenzaron a trabajar en serio.

Antes de salir de la oficina, Elena recibió los planes de trabajo de todos, junto con las cartas de disculpa de López, Méndez y Quiroga.

Tras revisarlos minuciosamente, devolvió todos los planes de trabajo, exigiéndoles que los rehicieran al día siguiente.

El pánico se apoderó de la oficina.

Algunos acudieron a Ximena para preguntarle cómo debían corregir sus reportes, ya que no lograban descifrar qué era lo que Elena buscaba. Si seguían haciéndolo mal, tendrían que repetirlo una y otra vez.

Si antes pensaban que Elena no representaba una amenaza, ahora sentían que sus exigencias eran incluso más estrictas que las del propio Alejandro.

Ximena se deleitó al verlos tan aterrorizados.

—A partir de ahora, trabajar horas extras requerirá una solicitud previa, donde se especifique qué tareas van a realizar y su avance. Si se quedan más tiempo por ser ineficientes, les restaré puntos en su evaluación de desempeño.

Inmediatamente, todos en el grupo confirmaron que habían recibido el mensaje. La lentitud de la mañana había desaparecido por completo.

De camino a casa, Elena recibió una llamada de Damián.

Sorprendida de que él la llamara directamente, respondió con cortesía:

—Señor Damián, ¿se le ofrece algo?

Damián soltó una risa sarcástica.

—Elena, veo que te sientes muy poderosa. ¿Cómo te atreves a meterte con mi gente en Bruma Alta? Aunque renuncié voluntariamente a la dirección general, sigo siendo un Vargas. Bruma Alta es propiedad de nuestra familia. ¿Con qué derecho te atreves a despedir a mis empleados?

Elena respondió con total tranquilidad:

—Señor Damián, cada decisión que tomo es por el bien de Bruma Alta. Si considera que mis métodos son inadecuados, puede presentar una queja formal ante la junta directiva. Pero mientras tanto, dirigiré esta empresa a mi manera y le agradecería que no cuestione ninguna de mis decisiones.

Ante esa actitud implacable, Damián río lleno de furia.

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