—¿De verdad necesitas evidencia? —se burló la anciana Carmona—. Todos sabemos que ella y tu madre no se soportan. Discutieron encerradas en su oficina. Es obvio que, en medio de la pelea, Elena perdió los estribos y la atacó.
El rostro de Alejandro se endureció por completo.
—Elena no es esa clase de persona.
—Llevo tiempo trabajando junto a Elena y jamás ha lastimado a nadie —intervino Diana—. Estoy segura de que debe haber un malentendido.
—¿Qué malentendido va a haber? —replicó la anciana Carmona con desprecio—. Paloma se lastimó dentro de su oficina, ¿no es así?
Luego dirigió la mirada hacia Liana.
—Tú también estabas allí, Liana. Dime, ¿cómo se hirió Paloma exactamente?
Liana fingió dudar por un instante antes de responder:
—Sin querer activé la grabadora de voz en mi teléfono, así que tengo guardada toda la discusión. No quería mostrarla... pero tampoco puedo soportar ver a la señora Vargas en una cama de hospital sin que al menos reciba una disculpa.
Liana reprodujo el audio con la intensa disputa entre Elena y la señora Vargas.
Justo al final de la pelea, se escuchó la voz de la señora Vargas gritando:
—¡Elena! ¡A que no te atreves a golpearme con ese jarrón! ¡Hazlo si tienes el valor!
Le siguió el espantoso estruendo del jarrón haciéndose añicos.
Y luego, un grito ensordecedor.
Liana apagó la grabación y miró a Elena con falsa empatía.
—Elena, sé que no toda la culpa es tuya. Es fácil perder el control cuando uno está enojado.
Elena dejó escapar una risa fría.
Recordó cómo la señora Vargas se había abalanzado sobre ella, dispuesta a estrangularla. Ella solo había tomado el jarrón para defenderse.
Jamás imaginó que la señora Vargas soltaría una provocación tan absurda... para luego arrebatárselo de las manos y golpearse a sí misma.
—¿Perdonarla? —bufó la anciana Carmona—. ¡Miren cómo la dejó! ¿Con qué cara pide perdón? Alejandro, ni creas que vas a protegerla. Si a ti no te importa la vida de tu madre, yo me encargaré de hacer justicia.
A pesar de la feroz insistencia de la anciana, Alejandro se mantuvo imperturbable.
—Abuela, mi madre aún no recobra el conocimiento. Un simple audio no basta para condenar a Elena. Dejemos que los doctores hagan su trabajo. Lo demás se aclarará cuando mi madre despierte.
La anciana Carmona casi sufre un colapso al escucharlo.
—¡Alejandro, no tienes remedio!
Al ver el estado de la anciana, Diana se apresuró a sostenerla.
—Abuela, no te ves nada bien, deja que te acompañe a descansar.
Y sin más, la escoltó fuera de la habitación.
Al notar que su única aliada se había marchado, Liana perdió todo el interés en quedarse y salió corriendo detrás de ellas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....