Alejandro, por respeto a sus padres frente a los invitados, tomó a Elena del brazo y se acercaron para felicitar a Damián por su nuevo cargo como gerente general de Bruma Alta.
Tanto Damián como la señora Vargas rebosaban de orgullo, sintiéndose el centro del universo.
Las distintas ramas de la familia habían usado todas sus influencias y artimañas para apoderarse de ese puesto. Nadie se esperaba que la victoria cayera en manos de Damián.
Por primera vez en mucho tiempo, Damián sintió verdadera satisfacción hacia su hijo.
Al fin Alejandro había aprendido a usar su poder para beneficiar directamente a su propia línea familiar. Ya era hora de que madurara.
El estilo de liderazgo de Alejandro era aún más frío y despiadado que el de su abuelo.
Padre e hijo vivían en un eterno choque de intereses.
Damián siempre salía perdiendo. Al ver que no lograría recuperar poder dentro del corporativo, había optado por llevar una vida de excesos y lujos, como si se hubiera jubilado prematuramente.
Pero esta vez, su hijo había estado de su lado.
—Alejandro, Elena —dijo Damián, con una sonrisa de oreja a oreja—. En un momento cortaremos el pastel y luego nos tomaremos una foto familiar. Todos juntos.
La señora Vargas no hizo ningún comentario al respecto, validando tácitamente que Elena ya estaba a un paso de formar parte oficial de la familia.
Al ver esa escena tan armoniosa, el pecho de Isidora se apretó de pura envidia; sus ojos ardían con un fuego venenoso.
Mientras tanto, oculta entre la multitud, la señora Moreno clavaba una mirada cargada de resentimiento y odio puro en la espalda de Elena.
Días atrás, le habían llegado unas fotografías anónimas.
Eran imágenes de la vida actual de Mariana.
Su hija estaba en los huesos. La comida que recibía era asquerosa, la obligaban a hacer los trabajos más pesados de la casa y vivía en condiciones deplorables.
Su princesa jamás en la vida había sufrido semejante humillación.
¿A qué infierno la había desterrado Alejandro?
Con cada pensamiento, el odio que sentía por Alejandro y Elena se hacía más oscuro e incontrolable.
¡Especialmente hacia Elena!
Mientras su Mariana pasaba miserias en el extranjero, esa intrusa estaba allí, bañada en lujos y siendo aceptada por los Vargas.
Elena, de pie junto a Alejandro, observaba cómo Damián y la señora Vargas tomaban juntos el cuchillo para cortar el inmenso pastel.
De repente, una sombra se abalanzó sobre ella.
Al mirar el rostro enloquecido de la señora Moreno, la expresión de Elena se volvió gélida.
La madre de Mariana conocía perfectamente toda la historia entre ambas.
Ella era la única víctima en todo ese asunto, pero la señora Moreno se empeñaba en descargar todo su odio contra ella.
Los murmullos no tardaron en expandirse entre los invitados.
Todos conocían, al menos por encima, el escándalo entre los Moreno y los Vargas.
Se sabía que Mariana y Alejandro habían estado comprometidos y que, de la noche a la mañana, el compromiso se había cancelado sin explicaciones.
Las familias siguieron tratándose, y Mariana siguió persiguiendo a Alejandro como su sombra, pero él siempre la trató con un desprecio glacial.
Como nadie sabía la verdadera razón de la ruptura, ahora todos los presentes estiraban el cuello, hambrientos de chismes.
Liana e Isidora intercambiaron una mirada triunfal al ver el escándalo que se había desatado.
Al notar que tenía la atención de todos, la señora Moreno alzó más la voz:
—¡Alejandro eligió a Elena solo por su cara bonita! ¡Mi Mariana era una chica intachable y ustedes la volvieron loca! ¡La desterraron como si no valiera nada! ¿Acaso no tienen corazón?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....