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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 856

Por esa misma razón, ella había controlado de cerca la vida personal de Ezequiel, prohibiéndole enredarse en amoríos pasajeros.

Hugo, que jamás se había molestado en preguntar por el estado civil de su hijo, finalmente había tocado el tema.

Una oleada de emoción cruzó el pecho de Viviana; su gran esperanza era que Hugo le consiguiera a Ezequiel un matrimonio con una familia de su mismo nivel.

Hugo se quedó pensativo unos segundos y luego habló.

—Nuestra familia Valiente tiene muy pocos descendientes, lo que más nos urge ahora es asegurar que haya herederos. Si le buscamos a una de esas herederas de la alta sociedad, lo más probable es que miren a Ezequiel por encima del hombro y se nieguen a tener muchos hijos. Yo creo que lo mejor será conseguirle a una chica sencilla y de familia tradicional, alguien que se dedique de lleno a darle varios hijos y a cuidar de la casa.

Al escuchar eso, Viviana sintió que la sangre le hervía de furia.

Si su hijo solo podía aspirar a casarse con «una chica sencilla», ¿de qué habían servido todos estos años de tragar orgullo y agachar la cabeza?

Ella quería que su hijo diera el salto definitivo a la élite, no que se conformara con la vida de un hombre cualquiera.

Sin embargo, con una máscara de total sumisión, Viviana asintió suavemente.

—Entiendo, Hugo. Tratándose de su futuro, por supuesto que se hará lo que tú decidas.

Si Hugo se negaba a ayudarlo como correspondía, entonces tendría que tomar las riendas ella misma. Debía encontrarle a Ezequiel una familia política poderosa que pudiera respaldarlo.

Al ver su obediencia incondicional, Hugo se sintió enormemente satisfecho.

Si tan solo Bianca hubiera sido tan dócil y sumisa como Viviana, pensó.

***

Elena y la profesora Inés Serrano habían quedado para cenar.

Después del restaurante, Inés la acompañó a dar una vuelta por una lujosa tienda de ropa infantil cercana.

Desde que se había convertido en madre, a Elena le fascinaba comprarle ropa a su hija. Aunque el clóset de Aurora estaba a reventar de prendas de todos los estilos que ni siquiera llegaba a estrenar, Elena no podía resistirse a comprarle más.

Inés estaba igual de entusiasmada y, apenas entraron, le echó el ojo a varios conjuntos adorables.

Elena seleccionó un par de vestidos, pero justo cuando estaba dudando sobre cuál llevar, sintió que alguien le tocaba el hombro.

Al darse la vuelta, se encontró con una mujer de mediana edad, elegantemente vestida de pies a cabeza con marcas de diseñador. La mujer sostenía en la mano su batería portátil.

—Esto acaba de caerse de tu bolso —le dijo Viviana con una sonrisa impecable—. Guárdalo bien.

Elena le dio las gracias y tomó la batería.

Viviana la observó detenidamente un segundo más antes de dar media vuelta y marcharse.

Al ver las marcas y magulladuras en la espalda de su esposo, el corazón de Elena se encogió.

—¿Qué pasó? —preguntó con angustia.

—No te preocupes, ya me desinfectaron y me aplicaron medicina, no es grave —la tranquilizó Alejandro.

Al notar que los ojos de Elena se cristalizaban, suspiró y le explicó lo sucedido.

—En la junta de accionistas del grupo anuncié una decisión que no solo recortaba los privilegios de mis tíos de la segunda y tercera rama de la familia, sino que también afectaba directamente los intereses de mi padre. Por eso, él enfureció y me golpeó.

Elena frunció el ceño, completamente indignada.

—¡Pero eso no le da derecho a golpearte! Tú eres quien está al mando del grupo; cualquier decisión que tomes tiene un análisis profundo detrás.

—Esta golpiza valió la pena. Al menos ahora los parientes no tienen forma de replicar.

—¿Qué decisión tomaste exactamente? —preguntó ella, intrigada.

Alejandro soltó una media sonrisa.

—Despedí al ochenta por ciento de los directivos de Bruma Alta. Todos eran compadres y amigos de confianza de mi padre, de mis tíos y hasta de la familia de mi madre.

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