Viviana Campos se sorprendió bastante al enterarse de que la señora Vargas se había inscrito en la Universidad para Mayores y casi nunca estaba en casa.
Sin embargo, no tardó en recuperar la calma.
Si ese era el caso, ella también podía inscribirse y buscar la oportunidad de hacerse su amiga. Fue al momento de matricularse cuando descubrió que la colegiatura mensual era de quinientos mil.
A Viviana le dolió el alma soltar ese dinero. Con eso le alcanzaba para comprarse un bolso de diseñador. Gastarlo en ir a estudiar le parecía un desperdicio absoluto.
Pero, con tal de ganarse el favor de la señora Vargas, no le quedó más remedio que pagar.
*
Tras la boda, gracias a que la señora Vargas por fin tenía algo en qué ocupar su tiempo, Alejandro y Elena disfrutaban de una paz maravillosa.
Cada vez que visitaban la villa Vargas, la señora estaba tan inmersa en sus tareas escolares que ni siquiera tenía tiempo para buscarles pleito. Incluso Sofía Vargas ya se animaba a ir de visita.
El sábado por la mañana, Máximo Zaldívar regresó a Ciudad del Norte de un viaje de negocios en el País D y pasó a visitar a Alejandro. Sofía había ido a la villa a acompañar a la abuela, así que no estaba presente.
Como Alejandro detestaba los compromisos sociales los fines de semana, invitó a su amigo a comer en casa. Máximo aceptó encantado.
Mientras Elena jugaba con las dos niñas en la sala de juegos, Alejandro estaba en la sala de estar abriendo paquetes.
Cada semana, la abuela Navarro y Carmen Navarro les enviaban juguetes, libros infantiles y ropita. Alejandro se encargaba de abrir las cajas, acomodar todo y enviarles fotos para agradecerles el hermoso detalle.
Al verlo en su faceta de padre hogareño, Máximo negó con la cabeza.
Sentado en el sofá, con las piernas cruzadas y algo aburrido, hizo el ademán de sacar un cigarrillo, pero de pronto recordó que había dos niñas en la casa y se contuvo, guardándolo de nuevo.
Sobre la mesa había un elegante cenicero que ahora, para desgracia del glamour, servía como soporte para la figurita de acción de una de las niñas.
Máximo soltó una risa ahogada.
Tras terminar de abrir los paquetes, Alejandro sacó las cajas de cartón, se lavó las manos y regresó a la sala.
—¿Tienes antojo de algo en especial? —le preguntó.
—Lo que sea está bien —respondió Máximo con tranquilidad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....