Seguramente, aunque estuvieran de compras, era Elena quien estaba pagando todo, pensó Milena.
Silvia se acercó, intentando tomar a la señora Vargas del brazo con familiaridad.
Pero la señora Vargas la apartó con sutileza y la rechazó de plano: —Tengo que comprarle muchas cosas a mi nuera y vamos contra reloj. No tengo tiempo para charlar. Elena, vámonos.
Silvia se quedó helada.
¿La señora Vargas realmente estaba empezando a aceptar a Elena?
Milena también sintió cómo la rabia y la envidia la carcomían. ¿La señora Vargas estaba dispuesta a gastar su propio dinero en Elena?
Al recordar lo tacaña que era su propia suegra con ella, sintió un nudo de amargura en el estómago.
Después de visitar dos exclusivas joyerías más, Elena se dirigió a su suegra: —Señora, creo que con estas joyas es más que suficiente. Quiero volver a casa para pasar tiempo con los niños, así que me gustaría retirarme ya.
La señora Vargas miró las dos bolsas llenas que llevaba el guardaespaldas y frunció el ceño: —Ni siquiera estás pagando tú. Solo te pido que vengas a probarte las cosas para ver si te quedan bien. ¿Tan poca paciencia tienes?
Aun así, no tenía ninguna intención de hacerle la vida imposible a Elena.
Al final del día, sus nietos eran lo más importante.
—Está bien, vete —dijo con un gesto de la mano—. Yo me encargo de elegir el resto.
Elena suspiró aliviada, subió al auto y regresó a casa.
Mientras disfrutaba de un plato de fruta con los niños después de la cena, los empleados de la señora Vargas llegaron con un montón de bolsos y estuches de joyas que cubrieron por completo la mesa de la sala.
La señora Vargas no fue en persona.
Elena la llamó por teléfono para agradecerle el detalle.
—Eso no es nada —respondió la mujer con tono indiferente—. A partir de ahora, no solo en la boda, sino en todas las cenas familiares, tendrás que vestirte a la altura, ¿no crees?
Tras colgar, Elena guardó las joyas y los bolsos en su vestidor.
La verdad era que ya tenía una buena colección, pero como mantenía un perfil bajo para ir a la oficina, la mayoría de sus accesorios de lujo terminaban juntando polvo en los estantes.
Cuando Alejandro llegó a casa, se fue directo a la ducha.
Al salir, Elena le comentó: —Tu madre me compró un montón de cosas otra vez.
Señaló la nueva fila de bolsos y joyas deslumbrantes en el vestidor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....