Al ver que no respondía y notar lo que estaban haciendo, el corazón de Erika dio un vuelco. Estaba a punto de exigir una explicación cuando el hombre del asiento del copiloto sacó un pequeño frasco y roció un aerosol somnífero hacia ella y Silvia.
—Ustedes... se están haciendo pasar por policías...
Antes de que pudiera terminar la frase, tanto Erika como Silvia perdieron el conocimiento.
El hombre que conducía bajó rápidamente todas las ventanas para ventilar el auto y comentó:
—Fue buena idea de tu parte. Estas mascarillas especiales funcionan bien. Nada mal. Pero oye, échale un ojo al auto que nos viene siguiendo. Seguramente son los guardaespaldas de la chica.
El copiloto asintió con una sonrisa torcida.
—Sí, la llevamos vigilando un buen tiempo. Siempre la siguen a todas partes. Si no usábamos este teatro, jamás nos habríamos acercado a ella. Detente más adelante. Voy a usar mis placas falsas para ahuyentarlos. Luego me bajo, y tú conduces directo a la fábrica abandonada. Yo te alcanzo después en un taxi.
—Hecho. Solo no metas la pata. Más adelante buscaré una calle sin cámaras para cambiar las placas del auto.
***
Los guardaespaldas, convencidos por la supuesta autoridad, regresaron a montar guardia frente al estudio de Erika. Sin embargo, llegó la hora de salida y ella no aparecía.
Sintiendo que algo andaba mal, llamaron a Valerio para informarle de la situación. Al escuchar el reporte, Valerio sintió un sudor frío recorrerle la espalda.
—¡Llevo en la oficina desde el mediodía! ¡No he salido para nada!

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