El corazón de Erika latía con fuerza. Sentía que esta situación no podía continuar así. Tras un momento de tenso silencio, dijo:
—Señora Silvia... la custodia de los niños es mía. Valerio estuvo de acuerdo con eso, y usted no puede... no puede albergar otras intenciones.
Al escuchar eso, Silvia casi escupe sangre de la indignación. Había dejado su orgullo de lado para intentar ganarse a Erika por el bien de su adorado hijo, ¡¿y esta mujer pensaba que quería robarle a los niños?!
¿Acaso sus intentos de ser amable no eran obvios? ¡¿Cómo podía ser tan despistada?!
Por su parte, al ver la evidente molestia en el rostro de Silvia, Erika se tensó instintivamente. Pensó que había dado en el clavo; de lo contrario, ¿por qué se habría enojado tanto ante la advertencia?
Erika no se atrevió a moverse, calculando mentalmente sus opciones. Si Silvia perdía los estribos, no dudaría en llamar a Valerio.
Ambas se quedaron de pie, inmersas en sus propios pensamientos durante un largo rato, hasta que Silvia se dejó caer en el sofá con expresión frustrada. Cruzó los brazos sobre el pecho y, en un tono que sonaba casi a orden, espetó:
—¡Primero cómete eso!
*¡Hijo ingrato! ¡¿Por qué me hizo venir a traerle el almuerzo?! ¡Ya verá cuando vuelva a casa!*, refunfuñaba Silvia en su interior, lanzándole miradas furtivas a Erika de vez en cuando.
Erika no movió ni un músculo. ¿Cómo iba a atreverse a comer eso? Lo más probable era que, apenas terminara, Silvia empezara a exigirle cosas sobre los niños.
El ambiente se volvió pesado otra vez. Justo en ese momento, Amelia entró corriendo, pálida del susto.
—¡Jefa, jefa! Hay dos policías vestidos de civil en la recepción. Dicen que necesitan hablar contigo.
Erika frunció el ceño.
—Tranquila. Hazlos pasar.
—E-está bien... —Amelia salió a toda prisa.
Al escuchar eso, Silvia se levantó de un salto y miró a Erika de arriba abajo.
—¿Acaso... te metiste en algún problema legal?
—No he hecho nada —respondió Erika con calma.
Silvia la miró con recelo justo cuando los dos hombres entraron a la oficina. Tras mostrar rápidamente sus placas, uno de ellos habló:


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