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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 961

La voz de Valerio estaba rota por el llanto, y al alzar el rostro para mirarla, sus ojos ya brillaban con lágrimas contenidas.

Erika, por su parte, sintió un nudo opresivo en la garganta que la dejó sin palabras.

Tenía las manos cerradas en puños tan apretados que sus nudillos estaban blancos. Sus suaves labios temblaban, delatando el inmenso esfuerzo que hacía por reprimir el torbellino de emociones que la consumía.

—Yo...

Apenas logró articular Erika esa palabra antes de que gruesas lágrimas rodaran por sus mejillas, cayendo cálidas sobre el dorso de la mano de Valerio.

—Tú... levántate primero.

Erika habló con voz frágil e, incapaz de seguir sosteniendo esa mirada llena de tristeza, giró el rostro de inmediato. Temía que esos ojos destrozaran las últimas defensas de su corazón.

—¿Aún me odias, verdad? —preguntó Valerio con la voz temblorosa, cargada de una profunda culpa y una tristeza infinita, como si el arrepentimiento le desgarrara el alma.

Sin darle tiempo a responder, él tomó la mano de ella con firmeza. Guiando su muñeca, hizo que la palma de Erika golpeara su propio rostro, una y otra vez.

El sonido de las bofetadas resonó en el tenso silencio, una cruda liberación de los sentimientos que los asfixiaban a ambos.

Erika, asustada, intentó apartar la mano, y su llanto silencioso se transformó en sollozos desgarradores.

—No hagas esto. Ya no te odio. Desde el momento en que arriesgaste tu vida para salvarme en aquel túnel, dejé de odiarte.

Erika tomó aire para calmarse y continuó entre lágrimas:

—Lloro porque recuerdo las palabras que me clavaste en el corazón, por la desesperación de no ser creída, por los hermosos sueños que alguna vez tuve y a los que me entregué, solo para terminar en pedazos... Lloro porque...

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