Erika le echó un vistazo a su actitud de mujer delicada, frunció el ceño, pero aún así trató de tranquilizarla.
—Aguante un poco. —Su tono era mucho más suave—. En cuanto baje la temperatura, el dolor disminuirá. En el botiquín tengo una pomada para quemaduras que me dio un viejo doctor naturista que conozco. Cuando le ponga la medicina, no habrá de qué preocuparse, y no le quedará ninguna cicatriz.
Silvia, haciendo un berrinche de niña, se quejó:
—¡Pero me duele! ¡Me duele mucho!
Erika: ...
Erika pensó que estaba alucinando. ¡¿Acaso Silvia le estaba haciendo pucheros para que la consintiera?!
Sosteniendo el brazo de Silvia, dudó un segundo y, tal como hacía con los niños cuando se raspaban, empezó a soplarle suavemente sobre la quemadura.
Poco después, María llegó apurada con el botiquín.
—Señora María, traiga la toalla que puso en el congelador —pidió Erika con suavidad.
Cuando le dieron la toalla, Erika la masajeó un poco. Llevaba poco tiempo en el congelador, así que estaba agradablemente fría. La desdobló y la colocó con cuidado sobre el brazo de Silvia, sin dejar de aplicarle agua.
Silvia dejó escapar un suspiro de alivio.
—Ah... eso se siente mucho mejor...
Después de unos treinta minutos bajo el agua y de aplicarle la pomada, Valerio llegó a la casa a toda prisa.
—¡Mamá! ¿Dónde te quemaste? ¡A ver! —Se acercó rápidamente a ella, visiblemente preocupado.
Silvia le sonrió:
—Valerio, no te preocupes, estoy bien. Erika me curó, ya casi no me duele.
Mientras lo decía, le hizo una seña con los ojos para que fuera a buscar a Erika a la cocina.
Valerio le revisó el brazo para asegurarse de que no fuera tan grave como Alma le había descrito, luego les revolvió el cabello a los niños con cariño y caminó rápido hacia la cocina.
Erika, que estaba guardando las cosas en el botiquín, se sorprendió un poco al verlo entrar.
—Tú... ¿qué haces aquí?
—Me llamó Alma —respondió él. Se acercó directamente, la tomó de los brazos y la inspeccionó con la mirada, preguntando con angustia—: ¿Qué pasó? ¡¿Tú no te quemaste?!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón