*Él tiene su carácter, pero no llegaría a tanto...*
Erika miró la caja de regalo en sus manos y, lentamente, sacó su celular, dispuesta a llamar a Valerio.
Pero cuando sus finos dedos rozaron la pantalla, dudó...
La noche en que Martina se había emborrachado, él estuvo allí... en el balcón del cuarto de Alma, y la había besado a la fuerza.
Desde esa noche, él no la había llamado ni le había enviado un solo mensaje.
Llamarlo así, de la nada...
Al pensar en eso, Erika suspiró y apagó la pantalla. Pero justo en ese instante, el teléfono se iluminó de repente. Era Valerio.
Erika, que ya había entrado a su habitación, cerró la puerta despacio y deslizó el botón verde.
—Hola —saludó en voz baja, con un ligero nerviosismo que intentó ocultar.
—Eri... —A través del auricular, la voz de Valerio sonaba ronca y profundamente exhausta—. Aún no tenemos el rastro completo de Lorena. ¿Podrías... evitar ir a trabajar por unos días?
Erika se quedó desconcertada y preguntó:
—¿Pasó algo malo?
—No, no te preocupes. Solo temo que los guardaespaldas se descuiden y Lorena aproveche la oportunidad. Aunque no estoy seguro de si intentará hacerte daño, no me quedo tranquilo. —Valerio suavizó mucho su tono de voz.
Erika se quedó en silencio por un momento y luego respondió:
—Mañana haré una sesión de fotos con un cliente y después descansaré. Es un señor mayor que se va del país pasado mañana y quiere unos retratos clásicos en blanco y negro para el recuerdo.
—Está bien. Eri... —Valerio hizo una pausa y, con voz grave, añadió—: Eri, te extraño mucho. ¿Puedo ir a verte esta noche?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón