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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 916

Tirado boca abajo, con el rostro ardiendo en vergüenza y los ojos inyectados de rabia y humillación, Julián intentó zafarse, pero pronto se dio cuenta de que no era rival para Gustavo.

—Tú... ¡Ese día en el escenario vi cómo te le quedabas viendo a Marti con ojos de pervertido! ¡Y tú dices que no soy digno de ella! ¿Acaso tú sí lo eres? ¡A Marti jamás le gustaría alguien como tú! —masculló Julián entre dientes.

Justo en ese momento, Erika, que llevaba rato esperando abajo, sintió que la angustia la sobrepasaba. Temiendo que a Martina le hubiera pasado algo grave, subió corriendo las escaleras.

Pero al poner un pie dentro del salón privado, lo que vio la dejó boquiabierta.

—¡Gustavo Moreno! ¿Qué demonios crees que haces? ¡Suéltalo ahora mismo! —gritó, con la voz cargada de urgencia.

Al escuchar la voz de Erika, Gustavo frunció un poco el ceño y, muy despacio, retiró el pie de la espalda de Julián.

Con una expresión de total desconcierto, los ojos de Erika recorrieron el lugar en un parpadeo. Al ver que Martina estaba a salvo en el sofá, corrió hacia Julián, ayudándolo a levantarse, y le preguntó con genuina preocupación:

—¿Estás bien?

Con el rostro contorsionado por el dolor, Julián se limpió un hilo de sangre de la comisura de los labios. Miró a Erika, totalmente desorientado, y le preguntó:

—Erika, ¿lo conoces?

Al escucharlo, la mente de Erika comenzó a trabajar a toda máquina. Quedaba claro que Julián no tenía idea de qué relación hubo entre Gustavo y Martina. Pero entonces, ¿por qué habían llegado a los golpes? Optando por evadir el fondo del asunto, contestó directamente:

—Es un representante famosísimo, todo el mundo lo ubica en este medio. ¿Pero qué fue lo que pasó entre ustedes?

Apoyándose en Erika, Julián se levantó a duras penas y se dejó caer en una silla cercana. Sus ojos aún echaban chispas de odio cuando soltó:

—Él se estaba sobrepasando con Marti.

—¡¿Qué?! —exclamó Erika, incrédula ante lo que acababa de escuchar.

Por instinto, clavó la mirada en Gustavo. Él, por su parte, seguía tan inmutable como siempre, como si el drama no fuera con él. Fríamente respondió:

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