Camilo pareció notar que algo la inquietaba. Frunció un poco el ceño y la miró con genuina preocupación.
—¿Sucede algo? ¿Hay algún problema?
Erika sacudió la cabeza, volviendo a la realidad.
—No, nada de eso. Solo pensaba en lo bien que te queda ese estilo. Listo, vamos a empezar.
La sesión continuó, pero hasta que terminaron la primera ronda de fotos, la intriga de Erika no hizo más que crecer, llevándola a caminar instintivamente hacia la carpa de Camilo.
Al verla entrar, él se levantó despacio y le ofreció una botella de agua.
—Buen trabajo. La sesión fluyó muy bien, creo que las fotos superarán mis expectativas.
Erika tomó el agua y asintió con una leve sonrisa.
—Tienes mucha facilidad para posar, la cámara te adora. Las fotos quedarán increíbles.
Camilo la observó, con un brillo de curiosidad en la mirada.
—Hace un momento parecías distraída. ¿Hay algo que te esté dando vueltas en la cabeza?
Erika miró de reojo a los maquillistas, dudó un segundo y luego propuso en voz baja:
—Tenemos media hora antes del siguiente cambio. ¿Te molestaría si caminamos hacia el lago un momento?
Camilo sonrió con suavidad.
—Será un placer.
Se sentaron en una banca frente a las aguas tranquilas, y Erika preguntó con mucho tacto:

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