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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 897

Erika fijó su mirada en la vendedora y preguntó con voz helada:

—¿Estás completamente segura de que eso fue lo que pasó?

Bajo la mirada penetrante de Erika, la empleada sintió un nudo en el estómago, pero ya no podía echarse para atrás.

—Sí, estoy segura. Lo vi todo perfectamente —respondió con la voz tensa.

Al escuchar eso, el ego de Tania se infló aún más. Levantó la barbilla y miró a Erika y Amelia con abierta burla.

—¿Ya ves, Valerio? Te dije la verdad. Ellas son las únicas que me están molestando —dijo Tania, sonando como la víctima más grande del universo.

Valerio ni siquiera la miró. Sus ojos seguían fijos en la vendedora.

—¿Tienes algo más que agregar? —preguntó él. Su voz era grave, pesada, cargada de una autoridad absoluta.

La empleada sintió un escalofrío recorrerle la espalda bajo esa mirada fría.

—Señor Ramírez, le juro que no estoy mintiendo. Ella lo vio primero —insistió, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que su voz no temblara tanto.

Erika sonrió levemente y se giró hacia Valerio.

—Mire, señor. Es evidente que su empleada se dejó intimidar por alguien que se aprovecha de la sombra de otros para asustar a la gente. Si decide mentir, es problema de ella. Pero este abrigo nos lo llevamos hoy.

Tania miró a Erika llena de confusión. ¿Por qué le hablaba con tanta formalidad, llamándolo 'señor', como si fueran un par de desconocidos?

De pronto, Tania sintió una inmensa alegría. Silvia Ramírez tenía razón: Erika ya no sentía nada por él. ¡El camino estaba libre para ella!

Por su parte, Valerio, al ver a Erika en ese plan tan terco y a la defensiva, sintió una punzada de ternura. Sus ojos se suavizaron por una fracción de segundo, un detalle imperceptible para el resto, antes de girarse hacia Tania y decirle en voz baja:

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