—El señor Ramírez les repitió a los trabajadores mil veces que cuidaran cada detalle —continuó María—. La cama tenía que estar a la altura perfecta para que descansaras bien; las cortinas debían ser de colores tenues para no lastimarte los ojos; y exigió que la alfombra fuera tan suave que sintieras que caminabas sobre las nubes. Hasta se preocupó por la iluminación, para que no fuera demasiado brillante y arruinara tu sueño, pero tampoco tan oscura por si necesitabas levantarte en la madrugada. Se desvivió por esa habitación.
María tomó las manos de Erika, mirándola con sincera preocupación.
—Eri, sé muy bien que hubo muchos malos entendidos y problemas entre ustedes, pero ¿qué relación es perfecta? Los problemas se pueden solucionar. ¿De verdad no le darías otra oportunidad?
Erika siguió tomando su sopa y le dedicó una sonrisa irónica.
—María, ¿no será que te mandó a vivir aquí para que me convencieras de regresar con él?
—¡No, no, no, señorita! —María agitó las manos nerviosamente—. Te juro que todo esto te lo digo desde el fondo de mi corazón, igual que cuando platicábamos antes. Él solo me mandó para acá porque conozco tus gustos y rutinas, me pidió que te cuidara como a una reina. Fuera de eso, no me dijo absolutamente nada.
Al escuchar sus palabras, Erika sintió un ligero vuelco en el pecho. Recordar todo lo que Valerio había hecho por ella no dejaba de conmoverla.
Pero...
Al notar su conflicto interno, María insistió suavemente:
—Eri, es un hombre responsable, te juro que te puede hacer feliz. Además, los niños merecen tener a sus papás juntos. Imagínate lo felices que serían si los vieran reconciliados. Yo no soy una vieja anticuada que te va a decir que te sacrifiques por los niños, pero me doy cuenta de que añn sientes algo por él. Por eso me atrevo a decírtelo.
Erika sonrió levemente y acarició el dorso de la mano de María.
—Sé que me lo dices por mi bien, María. Pero eso... ya es parte del pasado. Si está haciendo todo esto, es solo para compensar a los niños.
María suspiró, claramente desilusionada.
—Bueno, veo que ya tomaste tu decisión. Haz de cuenta que no dije nada, ¿sí?

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