Erika no dijo una palabra, pero sus ojos se humedecieron inevitablemente. Ese día no estaban ni Liliana Yáñez ni Benjamín Romero, ya que se encontraban en el hospital. De entre toda esa multitud, solo Leonardo la había defendido, y ahora...
La repentina aparición de Valerio hizo que una cálida sensación reconfortara el corazón de Erika.
Al ver a Erika con ese aspecto de haber sido injustamente tratada, Valerio le apretó suavemente el hombro. Luego, se dio la vuelta y recorrió a la multitud con una mirada gélida hasta que sus ojos se clavaron en Stefania y su madre.
—¿Ustedes la lastimaron?
Su tono no fue ni alto ni bajo, pero infundía un terror inexplicable.
La madre de Stefania tragó saliva con dificultad y se apresuró a contestar:
—¡Fue Erika la que golpeó a mi hija!
Valerio levantó una ceja, impasible:
—¿Y por qué golpeó a su hija?
—Ella... —la madre de Stefania tartamudeó, presa del pánico—. ¡No hay excusa para golpear a alguien! ¿Acaso no vas a ser razonable?
Valerio, de pie con una calma majestuosa, respondió con frialdad:
—Si no quieren decir el motivo, es porque saben muy bien que no tienen la razón.
Dicho esto, la mirada de Valerio se dirigió a Leonardo:
—¿Me puedes explicar qué pasó?
Leonardo suspiró con expresión grave y dijo:
—Insultó gravemente a Erika.
—¿Cuáles fueron sus palabras exactas? —exigió Valerio.
Leonardo echó un vistazo rápido a la multitud antes de acercarse a Valerio y susurrarle al oído todo lo que Stefania había escupido.



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