Martina se detuvo en seco y frunció el ceño.
—Tienes razón en eso, pero ¿estás segura de lo que haces? Si en un futuro la vida te vuelve a llevar a la familia Ramírez...
—Marti —la interrumpió Erika con tono suave pero firme—. Ya no hablemos de esto. No quiero tener ningún tipo de relación con ella. Incluso si en el futuro los niños van a pasar los fines de semana a su casa, yo solo haré entregas rápidas o dejaré que Valerio se encargue de recogerlos. La regla es clara: evitar cruzarnos a toda costa.
—De acuerdo, si lo tienes claro, vámonos.
Erika detuvo a Martina justo cuando esta volvía a caminar.
—¿Cuál es la prisa? Si tú pudiste notar que yo te ocultaba algo, ¿crees que no me doy cuenta de que traes un peso encima?
Martina se quedó en silencio.
Erika le dedicó una sonrisa maliciosa.
—Desembucha. Prometimos no tener secretos entre nosotras.
Martina forzó una media sonrisa.
—Erika, ¿desde cuándo te volviste tan chismosa?
Erika se acomodó el cabello con coquetería.
—Ay, debe ser la edad que me está pegando.
—¡No me vengas con esas! —exclamó Martina entre risas y resignación, dándole un leve empujón—. Te lo contaré, te lo contaré. Pero primero vamos por el auto.
Ambas retomaron el paso hacia el estacionamiento, bromeando entre ellas.
Mientras tanto, desde el interior de la cafetería, Camilo observaba a través del ventanal cómo se alejaban. Poco a poco, su mirada amable fue reemplazada por una expresión oscura y calculadora.
Lentamente, sacó su teléfono celular y marcó un número.
...
Al salir del restaurante, Silvia no tenía la más mínima intención de volver a casa. Tras despedirse de Tania, se dirigió directamente a la oficina de Valerio.
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