Erika miró a la distancia las espaldas encorvadas de Liliana y Benjamín, destrozados por el dolor. Sus propios ojos se llenaron de lágrimas. Apretó los labios y asintió en silencio.
Al salir del hospital, Erika condujo directamente a la mansión de la familia Romero, y Valerio la siguió de cerca en su propio auto.
Cuando Erika recuperó la caja con la estatuilla del Sabio de la Longevidad, regresó a su coche. Valerio se subió al asiento del copiloto junto a ella.
Erika abrió la caja. Bajo la luz del techo del auto, se quedó paralizada.
El jade era de la más alta calidad, translúcido y puro. La talla del Sabio era una obra de arte. Pero no solo tenía una grieta en el cuello. Una enorme y profunda fractura atravesaba la pieza desde la parte superior de la cabeza, pasando por el entrecejo, hasta llegar a la mitad de la nariz.
Eso ya no era un regalo de cumpleaños. Aquello parecía una maldición explícita, un deseo oscuro para que la anciana pasara a mejor vida lo más pronto posible. Con razón la abuela estuvo a punto de infartarse al verlo...
—La pieza que yo revisé estaba completamente perfecta... —murmuró Erika, hablando más para sí misma que para él.
Valerio tomó la estatuilla de la caja y la examinó con frialdad bajo la luz.
—Estos cortes parecen hechos a propósito. Entiendo que tú no tengas experiencia y no te hayas dado cuenta, pero... ¿cómo es posible que tus padres no hayan notado que esto fue intencional?
Erika esbozó una sonrisa amarga y llena de frustración.
—Intencional o no, el hecho es que la abuela terminó en terapia intensiva y mi nombre está en el medio de todo. Ya no me importa si ellos me creen o no. Solo le pido a Dios que la abuela se recupere.
Valerio cerró la caja con un chasquido seco y la guardó en la guantera del coche.
—Sígueme. Vamos a buscar a Diego.
Erika dudó un instante, pero terminó asintiendo.
Poco después, ambos llegaron a la explanada del centro comercial.
Diego los esperaba allí. Al verlos, hizo una leve reverencia a modo de saludo y fue directo al grano.
—Señor Ramírez, señorita Milán. Alguien alteró el sistema de seguridad. Las grabaciones de toda la semana fueron eliminadas. El equipo que traje lo revisó a fondo: no fue una falla del sistema ni un error de disco. Las borraron de forma manual e intencional.

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